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Los BRICS e Israel en tiempos de genocidio: cuando el comercio desmiente las condenas

«El primer ministro indio Narendra Modi y el presidente chino Xi Jinping en la 18.ª Cumbre de los BRICS en Nueva Delhi en septiembre de 2026,» https://www.pmindia.gov.in/en/news_updates/brics-new-delhi-declaration-building-for-resilience-innovation-cooperation-and-sustainability-september-12-2026/

Ante el genocidio en Gaza, los BRICS afirman defender el derecho internacional y los derechos del pueblo palestino. Pero sus actos contradicen en gran medida sus declaraciones. Mientras que su 18ª cumbre de Nueva Delhi condena la hambruna, los desplazamientos forzados y los ataques contra la población civil sin siquiera señalar a Israel como responsable, varios Estados miembros aumentan sus intercambios comerciales con este Estado. Y lo que es aún más grave, algunos participan directamente en su esfuerzo militar. La India, que ejerce la presidencia de los BRICS en 2026, ofrece un ejemplo especialmente revelador: sus empresas exportan a Israel componentes destinados a la fabricación de munición y armas. Así pues, los BRICS denuncian algunas consecuencias de la guerra genocida, mientras que varios de ellos siguen alimentando las relaciones económicas y militares con el Estado que la libra.

La XVIII Cumbre del BRICS+ (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Irán e Indonesia), celebrada en Nueva Delhi los días 12 y 13 de septiembre de 2026, dedicó varios párrafos a Gaza y a Palestina [1]. Sin embargo, una lectura atenta de la declaración final revela una sorprendente voluntad de evitar señalar a Israel como responsable de las violaciones que en ella se mencionan. El texto condena «el hambre como método de guerra», los ataques contra la población civil, contra los centros sanitarios y las infraestructuras civiles, así como los obstáculos a la ayuda humanitaria, pero no afirma que Israel sea el autor de estos actos. Hace un llamamiento general a «todas las partes implicadas» para que respeten el derecho internacional humanitario y los derechos humanos. Del mismo modo, aunque menciona las medidas provisionales de la Corte Internacional de Justicia en la demanda de Sudáfrica contra Israel y recuerda la obligación jurídica de Israel de permitir el acceso de la ayuda humanitaria, no constata que Israel haya incumplido dichas medidas. Menciona la «ocupación ilegal» y pide que se ponga fin a la misma, pero sin nombrar a Israel como potencia ocupante responsable de esta situación. Condena el desplazamiento forzoso de los palestinos y las modificaciones geográficas y demográficas de Gaza, sin calificar estas políticas de «limpieza étnica». No menciona ni el genocidio, ni los miles de palestinos detenidos sin cargos ni juicio, ni la violencia y los malos tratos infligidos a los presos palestinos. Incluso cuando se refiere a las violaciones más graves del derecho internacional, el texto evita así culpar directamente al Estado de Israel.

Esta cautela resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que la declaración se presenta como la de un grupo que pretende hacer oír la voz del Sur global y defender un orden internacional basado en el derecho. Los BRICS no emplean los términos «genocidio» y «limpieza étnica» y evitan sistemáticamente establecer una relación explícita entre las violaciones que mencionan y el Estado de Israel que las comete. Esta formulación permite a los miembros del grupo mantener una posición común mínima sobre Palestina, al tiempo que evitan una condena directa de Israel y, sobre todo, cualquier decisión colectiva que pueda afectar a sus relaciones económicas, energéticas, tecnológicas o militares con dicho Estado. Esta actitud inaceptable debe contrastarse con el aumento o el mantenimiento de los intercambios comerciales de varios miembros de los BRICS con Israel desde octubre de 2023.

Hay otro aspecto que merece ser destacado: lejos de reducirse, los intercambios comerciales de varios países de los BRICS+ con Israel han aumentado desde el inicio de la guerra en Gaza. Entre 2024 y 2025, las exportaciones a Israel aumentaron casi un 54 % en el caso de China [2] y se multiplicaron por diez en el de Rusia [3]. Entre 2023 y 2025, las exportaciones a Israel se duplicaron con creces en el caso de Egipto [4] y aumentaron aproximadamente un 51 % en el de Indonesia [5] .

Estos intercambios abarcan todas las categorías de mercancías y, por lo tanto, no pueden equipararse a entregas de armas. No obstante, contribuyen indirectamente al funcionamiento de la economía israelí: los bienes importados permiten a Israel satisfacer una parte de sus necesidades civiles e industriales y preservar sus recursos para otros usos, en particular los militares. Esta evolución resulta aún más significativa si se tiene en cuenta que los BRICS+, en mayor o menor medida, se presentan como defensores de un mundo multipolar y de una reducción del dominio occidental. En la práctica, sus relaciones comerciales con Israel ponen de manifiesto los límites de esta oposición a la hora de cuestionar de forma concreta la economía que sustenta su guerra genocida en Gaza.

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Hacia el IX° Congreso Mundial de la UIT-CI

Prensa UIT-CI

19/9/2026. En la Ciudad de Buenos Aires, entre los días 14 y 19 de noviembre, se realizará el IX° Congreso mundial de la Unidad Internacional de Trabajadores y Trabajadoras – Cuarta Internacional (UIT-CI).

El IX° Congreso se inaugurará, el sábado 14 de noviembre, con un gran acto internacionalista, organizado por Izquierda Socialista, en repudio a las agresiones imperialistas de Trump, en apoyo a Palestina, contra la ultraderecha mundial y por el Socialismo.

La UIT-CI se reconoce como una organización que es parte del movimiento trotskista internacional, continuadora del legado político y teórico de León Trotsky y del que fuera uno de los principales dirigentes de pos Segunda Guerra Mundial, Nahuel Moreno fallecido en 1987.

Forman parte de la UIT-CI organizaciones, militantes y simpatizantes en más de veinte países de Latinoamérica y el Caribe, Estados Unidos, Europa y Medio Oriente.

Se harán presentes en Buenos Aires delegaciones e invitados de diversas partes del mundo para poner en común la intervención en las luchas en cada uno de los países con el desafío de empujar hacia el triunfo a cada una de esas luchas.

El ultraderechista Donald Trump lleva adelante una contraofensiva imperialista con el objetivo de superar la crisis de dominación del imperialismo norteamericano. Pero, lejos de conquistar un nuevo orden, incentiva el desorden mundial y a pocos meses de las elecciones de medio término en los Estados Unidos, la crisis política ha comenzado y crece el descontento de la mano del fracaso trumpista en Irán que dejó, nuevamente, al descubierto la crisis del imperialismo. En el corazón del imperialismo, la clase trabajadora, la juventud y los pueblos migrantes de los Estados Unidos han desplegado movilizaciones masivas como las jornadas “No Kings” (No Reyes), que son el talón de Aquiles de Trump.

Por otro lado, a pesar del genocidio y los asesinatos masivos, ni Trump ni Netanyahu han logrado derrotar al pueblo palestino.

Preocupa en el mundo el avance de la ultraderecha como ha sido el impactante triunfo electoral de los neonazis en el estado de Sajonia-Anhalt, en el este de Alemania. Se trata del voto equivocado de millones ante la decepción y el descreimiento en los partidos y gobiernos capitalistas tradicionales liberales o de centroizquierda.

Pero también en el mundo avanzan las luchas y las rebeliones populares contra la explotación capitalista. Las rebeliones de las juventudes y la “Generación Z”, por ejemplo, derrotaron en el 2025 a los gobiernos de Nepal e Indonesia. En la India, el movimiento estudiantil de las llamadas “Cucarachas” estalló contra la manipulación de los exámenes de ingreso a las universidades. Millones de jóvenes en las calles le torcieron el brazo al gobierno capitalista de Modi, por primera vez en años. En Bolivia una rebelión popular, obrera y campesina, en mayo-junio, enfrentó al gobierno derechista de Rodrigo Paz, a los seis meses de asumir, con cortes de camino, huelgas y masivas movilizaciones, la traición de la COB evitó la caída de Paz. Pero la lucha contra el ajuste social se va a retomar. Estas y otras luchas, marcan el camino y la agenda del IX Congreso Mundial de la UIT-CI.

Un Congreso para luchar y unir a las y los revolucionarios

El IX° Congreso intercambiará las nuevas coordenadas de las luchas en curso y los desafíos para las organizaciones revolucionarias, buscando conquistar la unidad de las y los revolucionarios con el objetivo de fortalecer la construcción de los partidos socialistas revolucionarios en cada país, en el camino de superar la crisis de dirección revolucionaria mundial. Trotsky decía que “la crisis de la humanidad es la crisis de dirección”.

El Congreso, será un espacio democrático de intercambio y debate que impulsará las campañas políticas fundamentales para enfrentar al imperialismo y seguir profundizando la solidaridad mundial en apoyo a Palestina. Desde la UIT-CI formamos parte de las últimas dos iniciativas de la Flotilla Global Sumud que, junto a cientos de activistas de diversas partes del mundo, navegamos el Mediterráneo para intentar romper el bloqueo a Gaza y extender la movilización mundial para pelear por una Palestina Libre del Río al Mar.

Las delegaciones presentes en Buenos Aires ratificarán y darán impulso a las luchas del mundo para sepultar al sistema capitalista-imperialista de la mano de gobiernos de las y los trabajadores para construir el socialismo con democracia obrera y popular en todo el mundo.

uit-ci.org/index.php/2026/09/10/hacia-el-ix-congreso-mundial-de-la-uit-ci/

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De kelper a malvinero

Por Mario Hernandez Fuentes: Rebelion

El presidente dejó de lado su admiración por Thatcher y anunció que ahora defenderá Malvinas con herramientas legales que ya existían. También convocó a la “unidad nacional”.

Después de casi tres años de esconder el tema, el Presidente, que se declaró fanático de Margaret Thatcher y reivindicó el derecho a la autodeterminación de una población implantada, se vio obligado a sobreactuar una agenda de defensa de la soberanía inexistente hasta ahora para la Casa Rosada. Milei anunció el endurecimiento de las medidas para evitar la explotación ilegal de hidrocarburos en las islas, próxima a comenzar por la empresa israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration en la cuenca norte de las islas. Se trata de un marco normativo que ya existe y que el gobierno desestimó en sus casi tres años de gestión. Además, dijo que avanzará con la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego en un predio estratégico que el gobierno puso en venta.
Malvinas se convirtió para Milei en “la causa sagrada” recién cuando Donald Trump decidió usar la disputa como instrumento de presión sobre el Reino Unido. La bandera que desplegó la Selección Nacional en la semifinal del Mundial, luego de derrotar a Inglaterra y en medio de la discusión por la extranjerización de la tierra, dejó mal parado al presidente que hace de la entrega el centro de su política exterior.
Asediado por la caída en las encuestas y por la confirmación —salida de su propia boca— de que su programa económico “nunca funcionó”, Milei encontró en las palabras de Trump una oportunidad para recuperar la agenda y cambiar el tono confrontativo de las últimas dos semanas. Milei llamó a la dirigencia “política, económica y social” a mostrar un “frente unido” por Malvinas. “Hay causas que están por encima de cualquier diferencia política y Malvinas es una de ellas”, dijo en Cadena Nacional. La última dictadura militar también apeló a la causa Malvinas cuando el deterioro económico, la conflictividad y la pérdida de legitimidad arrinconaban al régimen. El dictador Leopoldo Fortunato Galtieri fue el último argentino en creer que Estados Unidos podría ayudar a la Argentina a recuperar las Malvinas.
El presidente anunció que endurecerá las sanciones “contra proyectos unilaterales que exploten recursos en las Malvinas”. “El Gobierno desplegará todas las herramientas del Estado, diplomáticas, económicas, judiciales y legales para disuadir a los actores estatales y no estatales que violentan la soberanía sobre las Islas Malvinas”, dijo Milei con tono marcial y rodeado de su gabinete.
Además, el presidente adelantó la construcción de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego, casualmente un predio estratégico del cual el Estado estaba a punto de desprenderse. Por último, dijo que creará un Consejo de Seguridad Nacional encargado de coordinar una estrategia común para todo el Estado. El paquete también incluirá un régimen específico para resguardar la infraestructura crítica de la zona.
Milei improvisó la cadena nacional luego de que Donald Trump expresara livianamente que podría “revisar” el respaldo de su país a la postura británica respecto de las islas Malvinas. Una declaración superficial de la que el Gobierno se agarró para usar el tema políticamente después de casi tres años de desmalvinización. El viraje de Estados Unidos está lejos de responder al interés de los argentinos. La Casa Blanca utiliza la causa Malvinas como instrumento coercitivo para exigirle a Londres un incremento de su contribución a la OTAN y como represalia por el escaso acompañamiento británico a la ofensiva norteamericana contra Irán.

¿Causa Sagrada?

Durante el gobierno de Milei no solo no hubo avances en la negociación por las Islas Malvinas, sino que la gestión libertaria debilitó el reclamo argentino de soberanía. En estos años, el presidente acumuló declaraciones contrarias al interés nacional. Habló del derecho de autodeterminación de los isleños y se declaró admirador de Margaret Thatcher, responsable política del hundimiento del ARA General Belgrano, entre otros.
La diplomacia argentina pasó a votar en Naciones Unidas y en otros organismos multilaterales en contra de decisiones impulsadas por países que históricamente acompañaron a la Argentina en su reclamo por Malvinas. Un ejemplo fue la votación sobre la esclavitud, un tema central para los países africanos, aliados históricos de la Argentina en la cuestión Malvinas.
Además, el gobierno de Milei legitimó el entendimiento Foradori-Duncan, alcanzado durante el gobierno de Mauricio Macri y desestimado durante la administración de Alberto Fernández, que se comprometía a remover los obstáculos que limitaran el crecimiento económico de las islas, particularmente en áreas como pesca, navegación e hidrocarburos. También contemplaba una mayor conectividad aérea entre las islas y terceros países de América Latina, sin necesidad de pasar por territorio continental argentino.

Sea Lion

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El progresismo intenta salir de su laberinto

Fuentes: CLAE – Rebelión / Imagen: Sesión de clausura del Congreso Panamericano, el 23 de agosto, en el Edificio Mercosur. Foto: Congreso Panamericano

Por Aram Aharonian

A finales de agosto, Montevideo se convirtió en el epicentro del debate político progresista en el tercer Congreso Panamericano, un foro parlamentario que reunió a más de un centenar de legisladores, expresidentes, ministros y referentes de 15 países de la región, en la necesidad de construir alternativas al auge de las recetas ultraderechistas y de un populismo punitivo y por demás autoritario.

Las derrotas electorales recientes de la izquierda en Ecuador y Colombia forzaron a realizar una autocrítica, pero también a compartir iniciativas que ayuden a reconstruir un tejido social resquebrajado. Y, nuevamente, el motor impulsor de la iniciativa –como dos décadas atrás- fue el expresidente colombiano Ernesto Samper.

 Obviamente, uno de los ejes del encuentro fue la geopolítica. La región sigue conmocionada por la creciente injerencia de Estados Unidos, como demostró la intervención militar en Venezuela para secuestrar al presidente Nicolás Maduro y apropiarse del petróleo del mayor productor del mundo.

 La asfixia económica impuesta a Cuba, la presión a Argentina y otros países para reducir la influencia china, los ataques a lanchas en el Caribe y en el Pacífico con la excusa del narcotráfico mientras el propio presidente Donald Trump indultaba al exmandatario hondureño J. O. Hernández, sentenciado a 35 años de prisión por tráfico de toneladas de drogas, son muestras de esta injerencia que va in crescendo,

  Samper  instó a recuperar la integración latinoamericana y a buscar una mayor vinculación con el llamado Sur Global, argumentando que la región posee recursos estratégicos como agua, alimentos y minerales, pero carece de la coordinación política necesaria para defender sus intereses. “No llegamos en una época de oro, sino en pleno reconocimiento de esas derrotas. Por eso hay espacios a puertas cerradas para conversar con franqueza de buenas prácticas y también de experimentos que no lograron llegar a la población”, dijo el estadounidense David Adler, coordinador del foro, quien señaló que el progresismo perdió parte de su capacidad política porque se alejó de problemas concretos como el costo de vida, la vivienda, los salarios y la seguridad. 

Bajo el lema “Solidaridad entre los pueblos, soberanía entre las naciones”, el encuentro buscó construir posiciones comunes frente a desafíos actuales como el debilitamiento del orden internacional, las migraciones forzadas, el aumento del costo de vida y el avance del crimen organizado, entre otros.

En Montevideo, el mandatario uruguayo Yamandú Orsi recibió a los expresidentes Ernesto Samper (Colombia) y Gabriel Boric (Chile); la secretaria nacional de Morena (México) Carolina Rangel; el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof; el senador y coordinador de Relaciones Internacionales del Partido de los Trabajadores brasileño, Humberto Costa; y los congresistas estadounidenses Pramila Jayapal y Jesús ‘Chuy’ García.

Hace 27 años, cuando Hugo Chávez ganó por primera vez las elecciones en Venezuela, comenzaba un nuevo y profundo capítulo en la historia del país y del continente latinoamericano y caribeño.  En los años que siguieron a aquel 1999, innumerables movilizaciones populares en defensa de los recursos naturales o contra gobiernos neoliberales, así como articulaciones como el Foro Social Mundial, produjeron un ascenso de masas en América Latina que se tradujo en victorias electorales de gobiernos progresistas en Argentina, Brasil, Uruguay, Ecuador, Paraguay, Bolivia y Nicaragua, entre otros.

Más que una época de cambios, quizá fue “un cambio de época”, cuyos impactos inspiraron a las izquierdas de todo el mundo. Dos décadas después, se hace necesario analizar lo sucedido en nuestros países, donde gobiernos progresistas trataron de poner a los más humildes como sujetos de política y no meros objetos de ella, encarrilando las ideas de democracias participativas, dignidad e inclusión social, soberanía e integración regional. 

¿Fracasaron?

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3 de septiembre de 1938 / Fundación de la Cuarta Internacional

Federico Novo Foti

El triunfo de la burocracia encabezada por José Stalin en la Unión Soviética en la década del veinte fue un inmenso retroceso para las y los trabajadores soviéticos y de todo el mundo. Para combatirlo, hace 88 años Trotsky impulsó la fundación de la Cuarta Internacional. La tarea de construirla sigue pendiente.

El 3 de septiembre de 1938, en una reunión que apenas duró un día, con 26 delegados que representaban a 11 secciones nacionales, se fundó la Cuarta Internacional.1 La reunión se realizó en la más absoluta clandestinidad a las afueras de París. La conferencia votó el “Programa de Transición”2, entre otros documentos.

Pese a no haber podido participar de aquella reunión, el principal inspirador de la fundación de la Cuarta Internacional fue el líder revolucionario ruso León Trotsky, quien por entonces se encontraba exiliado en México. El objetivo que había impulsado a Trotsky a fundar la nueva organización internacional era unir férreamente a los marxistas alrededor de un programa revolucionario. (ver recuadro)

El Programa de Transición, escrito por Trotsky, señala aspectos centrales de la lucha de los revolucionarios por tomar el poder e impulsar una revolución socialista mundial para liberar a la humanidad de la barbarie capitalista. Pero uno de sus logros más importante es definir lo ocurrido a mediados de los años veinte en la Unión Soviética, donde una burocracia contrarrevolucionaria encabezada por José Stalin se había apoderado del gobierno del primer estado obrero para imponer una dictadura sangrienta y políticas totalmente equivocadas en los Partidos Comunistas de la Tercera Internacional, que llevaron a las y los trabajadores de derrota en derrota. Esto es lo que resume su célebre frase: “la crisis de la humanidad es la crisis de su dirección revolucionaria”.3

La bancarrota de la Tercera Internacional

En marzo de 1919 se había fundado la Tercera Internacional (Comunista) en Moscú, capital de la primera revolución obrera y socialista triunfante, que se encontraba en guerra civil. Allí gobernaban los soviets democráticos de obreros y campesinos, con la conducción del Partido Bolchevique, encabezado por Vladimir Lenin y Trotsky. Ambos impulsaron la reorganización de los revolucionarios desde 1914, cuando se había producido la traición de los dirigentes de la Segunda Internacional (Socialdemócrata) en la Primera Guerra Mundial.4 

A comienzos de la década del veinte una oleada de revoluciones sacudió Europa, pero estas no triunfaron, dejando aislada y debilitada a la república de los soviets que había sobrevivido a la guerra civil. En esta nueva situación, a partir de 1924, comenzó un importante viraje político que evidenció el avance de la burocracia encabezada por Stalin. La nueva orientación adoptada por la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética promovió la concepción del “socialismo en un sólo país”: la conciliación con la burguesía y el imperialismo, la ruptura con el internacionalismo y el abandono de la lucha por la revolución socialista mundial.

 Los continuos virajes políticos del estalinismo llevaron a duros fracasos. La política de capitular a la “burguesía nacional” de la Tercera Internacional provocó la derrota histórica de la revolución china de 1925-1927. En 1933, el triunfo del nazismo fue abonado por la nefasta política divisionista del Partido Comunista alemán, que rechazó el frente único con los socialdemócratas ante el ascenso de Adolf Hitler. En 1935, el séptimo congreso de la Tercera Internacional aprobó la política equivocada de unidad permanente con la burguesía y de renuncia a la lucha por la toma del poder de los “frentes populares”.

 La fundación de la Cuarta Internacional en 1938 sería, en definitiva, el resultado de una fuerte y prolongada discusión entre quienes se oponían al estalinismo. En 1933, luego del triunfo del nazismo, Trotsky había concluido que la Tercera Internacional estaba muerta y que era necesario fundar otra organización mundial, la Cuarta. En agosto de ese mismo año se publicó la “Declaración de los Cuatro”, un llamado de la Oposición de Izquierda Internacional (los trotskistas) y otras tres organizaciones a forma una nueva internacional.5

Entre tanto la dictadura estalinista acompañó su política contrarrevolucionaria con la más implacable persecución a cualquier tipo de oposición. Trotsky, principal dirigente de la oposición al estalinismo, fue expulsado de la Unión Soviética en 1929. Los “Juicios de Moscú”, iniciados en 1936, fueron la farsa jurídica con la que el estalinismo comenzó a exterminar a la oposición dentro de la URSS. Mientras que los agentes de la policía secreta soviética (GPU) perseguían y asesinaban a los opositores en el extranjero.

 En las difíciles condiciones impuestas por la persecución estalinista, Trotsky continuó las tareas de organización clandestina dentro y fuera de la Unión Soviética. En enero de 1937 se instaló en México. Ese mismo año, en agosto, fue asesinado Erwin Wolf, secretario de Trotsky durante su exilio en Noruega. En febrero de 1938 fue asesinado León Sedov, hijo y principal colaborador de Trotsky. A dos meses de la conferencia fundacional de la Cuarta corrió la misma suerte Rudolf Klement, responsable de su preparación.     

Construir la dirección revolucionaria

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Hamás no debe ceder en las negociaciones lo que Israel no logró en el campo de batalla

Fuentes: Voces del Mundo [Foto: dos miembros de Hamás aseguran la zona mientras funcionarios de la Cruz Roja buscan los restos del último prisionero israelí en el barrio de Zeitoun, ciudad de Gaza, en diciembre de 2025 (Omar al-Qattaa/AFP)]

Por Sami Al-Arian

Algunos momentos en la historia de los movimientos de liberación exigen valentía para actuar; otros, igual valentía para esperar.

La Operación Inundación de Al-Aqsa, el 7 de octubre de 2023, fue una decisión audaz que destrozó las suposiciones que habían regido la cuestión palestina durante años.

Volvió a situar a Palestina en el centro de la política mundial, expuso la ilusión de que podía ser controlada o eludida, y confrontó a Israel y a sus aliados occidentales con un conflicto que se habían convencido de que podía contenerse indefinidamente.

Nada de lo que siguió justifica transferir la responsabilidad de la destrucción de Gaza de quienes la destruyeron a quienes se resistieron.

La responsabilidad de la devastación de Gaza, la matanza de sus civiles y la destrucción de sus hogares, hospitales, universidades y colegios recae en quienes la llevaron a cabo. Las críticas a la estrategia palestina no deben convertirse nunca en un mecanismo para exculpar a los responsables y a quienes los apoyan.

La magnitud de ese sacrificio exige un análisis más riguroso de cómo se está gestionando políticamente.

Hamas se enfrenta hoy quizá a la transición más difícil de su historia. El movimiento que entró en la «Inundación de Al-Aqsa» como organización de resistencia armada se enfrenta ahora a una enorme presión para salir de la guerra desarmado, apartado del gobierno de Gaza, integrado en un sistema político palestino reconstruido y dependiente de acuerdos diseñados principalmente por EE. UU. e Israel con el apoyo tácito de los mediadores regionales.

La flexibilidad táctica es indispensable para cualquier movimiento de resistencia, pero debe estar al servicio de una estrategia coherente, en lugar de ir desplazándola gradualmente.

Hay cuatro acontecimientos que deberían preocupar a cualquiera que crea que la resistencia debe preservar su independencia: la trayectoria política señalada por el documento de Hamás de 2017, la gestión de las negociaciones de posguerra, la creciente presión para el desarme y el reacercamiento del movimiento a sus antiguos rivales alineados con Fatah.

Una apuesta política

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Acuerdo petrolero USA-Venezuela: Decían que “ni una gota de petróleo”…y terminaron entregándolo todo

Por Partido Socialismo y Libertad, sección de la UIT-CI en Venezuela

1/9/2026. Rechazamos enérgicamente el acuerdo petrolero suscrito entre el gobierno interino de la “respetable” Delcy Rodríguez, como la llamó el ultraderechista Trump, y la administración estadounidense encabezada por él.

Estamos en presencia de un acuerdo leonino que entrega a Estados Unidos casi una cuarta de las reservas del petróleo venezolano, por un lapso de 100 años, según la Casa Blanca, y 25 años renovables, según el gobierno venezolano.

Incluso un diario del imperialismo estadounidense como el New York Times, lo califica de “nuevo colonialismo”, mientras que El País de España lo caracteriza como una “privatización” del sector petrolero venezolano. Mientras que el propio Trump en su cuenta de la red social Truth Social dijo que era “un regalo de Venezuela para Estados Unidos”.

Este acuerdo con Estados Unidos es un nuevo y más profundo avance en la entrega desaforada de nuestros recursos, llevada adelante por el gobierno de Delcy Rodríguez, en el contexto de su pacto con el imperialismo estadounidense en marcha desde el pasado mes de enero.

Pasaron 27 años con un discurso supuestamente antiimperialista, asegurando que íbamos al socialismo, y hoy entregan nuestro petróleo al imperialismo y acuerdan con el sionismo que ejecuta un genocidio en Gaza. Atrás quedaron las palabras de Diosdado Cabello que aseguró que “ni una gota de petróleo para Estados Unidos si nos agrede”.

Se trataría de un contrato por 25 años, con posibilidad de renovarse, por el cual Estados Unidos tendría el control operativo y de comercialización de 65 mil millones de barriles de petróleo en ese periodo. Esto equivale aproximadamente a 21,5% de las reservas de Venezuela, el país con las mayores reservas probadas del mundo, estimadas en unos 303.000 millones de barriles de petróleo.

Este petróleo se incorporaría a las reservas estratégicas de Estados Unidos, que en este momento se encuentran en su nivel más bajo desde 1983, a consecuencia de la guerra con Irán. Además sin costo para el país. Quien pagaría el costo será el pueblo venezolano con más expoliación y saqueo.

Mediante el convenio se entregarían 17 pozos greenfields (campos verdes o nuevos) y 8 nuevos bloques en la Faja Petrolífera del Orinoco. Estados Unidos tendría trato preferencial para adquirir el 20% de la producción petrolera futura ¡a precio de costo!

El negocio se estructuraría mediante Contratos de Participación Productiva entre Pdvsa y la empresa privada North American Blue Energy Partners (Nabep), propiedad de Alejandro Betancourt, uno de los “bolichicos”, responsable del negociado turbio con las plantas termoeléctricas en el marco de la crisis eléctrica en 2010. Acusado de blanqueo de capitales en Suiza y España, y que ahora es protegido de Marcos Rubio y Trump.

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Elecciones en Brasil: Ni Lula-Alckmin, ni Bolsonaro son solución para el pueblo trabajador

Por Adolfo Santos, dirigente de Izquierda Socialista y la UIT-CI

28/8/2026. El 4 de octubre se realizarán elecciones en Brasil. Se elegirán presidente y vice, gobernadores, senadores y diputados nacionales. 

La disputa se concentra en las dos principales fuerzas políticas, la alianza de Luiz Inácio Lula da Silva con el empresario Geraldo Alckmin y el bolsonarismo, apoyado por Donald Trump. La mayoría de las encuestas los colocan en una disputa muy ajustada, aunque con una leve ventaja para Lula.

Con la segunda población más grande de América y el segundo PBI del continente, Brasil tiene una importancia estratégica. Por eso, esta elección despierta un gran interés. Como en otros países de la región, el hartazgo con la falta de soluciones y el doble discurso de los gobiernos de la izquierda reformista, que no avanzan en medidas de fondo a favor de las masas populares, ayudaron a fortalecer salidas mesiánicas de ultraderecha. Es lo que vimos con el chavismo en Venezuela, con Evo Morales en Bolivia, con Gabriel Boric en Chile, con Gustavo Petro en Colombia e incluso con el peronismo kirchnerista en nuestro país. Los fracasos de estos gobiernos capitalistas de conciliación de clases colocaron en escena a la ultraderecha en Latinoamérica.

En Brasil no fue diferente. Para ganar elecciones y mantenerse en el poder, Lula y el PT abandonaron su programa original de gobierno de las y los trabajadores y se aliaron con sectores de la burguesía brasileña. No por casualidad, en sus primeros mandatos el vice de Lula fue José Alencar, un gran industrial textil de Minas Gerais que en aquella época pertenecía al PL, partido que hoy cobija a los Bolsonaro. También colocó como presidente del Banco Central a Henrique Meirelles, CEO mundial del BankBoston. Actualmente, su compañero de fórmula es Geraldo Alckmin, un conservador vinculado históricamente al Opus Dei, exgobernador de São Paulo por el PSDB, donde aplicó represión y duros ajustes contra la educación y la salud.

Ese abandono del PT de su programa originario provocó la ruptura de un importante sector de dirigentes y activistas que en 2004 fundaron el PSOL. La nueva organización levantó un programa clasista, antiimperialista e internacionalista. Lamentablemente, por el oportunismo electoralista de su dirección mayoritaria, terminó aliándose nuevamente al PT, sumándose a cargos políticos y ministeriales y abortando un proyecto importante para la clase trabajadora. Ese giro oportunista determinó en 2023 la salida de la Corriente Socialista de las y los Trabajadores (CST), sección de la UIT-CI. Sin embargo, corrientes que se reivindican del trotskismo, como el MES que encabeza Luciana Genro y otras, continúan siendo parte de este frente de colaboración de clases que llevará a una nueva frustración a la clase trabajadora.

Las alianzas del PT sólo le permiten repartir las migas del banquete

Después de cuatro mandatos, interrumpidos por uno de Jair Bolsonaro, Lula y el PT no revirtieron los graves problemas de las y los trabajadores, no enfrentaron al sistema financiero internacional ni provocaron un cambio estructural con la ruptura con la economía capitalista. La Corriente Socialista de las y los Trabajadores (CST), denuncia esta situación. “En medio de un escenario de gran injerencia de los Estados Unidos, Lula no responde correctamente. Hace discursos y adopta medidas mínimas, pero no enfrenta a la Casa Blanca, Trump, las Big Techs y los nazisionistas de Israel […] Mientras tanto, mantiene una política económica al servicio de las multinacionales y los empresarios, ataca el salario y disminuye la inversión pública” (Combate Socialista Nº 218).

Las alianzas electorales y los compromisos económicos con sectores de la burguesía le impiden aplicar políticas de impacto popular y lo limitan a repartir las migas del banquete. Lula y el PT hacen concesiones al agronegocio y al sistema financiero y entregan las tierras raras a empresas ligadas al gobierno de Trump. Han implementado profundos ajustes a la educación y la salud. Como en Argentina, el problema del endeudamiento popular es gravísimo y afecta a más de 80 millones de personas adultas. Avanzaron con las privatizaciones y amenazan con una nueva reforma jubilatoria en su próximo mandato. Todo al servicio de mantener un “superávit saludable”, como exige el sistema financiero.

Tierra fértil para la ultraderecha

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Rusia abandona el dólar y se pasa al yuan, ¿es bueno, malo o todo lo contrario?

Por Cándido Gálvez 

¿Está Rusia conquistando su independencia económica? ¿Por qué las sanciones que pretendían aislar a Moscú han terminado acelerando el uso del yuan y el acercamiento ruso a Pekín?

Las sanciones occidentales aceleraron un cambio histórico: Rusia redujo drásticamente su dependencia del dólar y encontró en China, el yuan y los mercados asiáticos una vía para mantener abierta su economía. Pero detrás de ese giro aparece una contradicción mucho más profunda. ¿Está Rusia conquistando su independencia económica o simplemente trasladando su dependencia desde Occidente hacia China? ¿Por qué las sanciones que pretendían aislar a Moscú han terminado acelerando el uso del yuan y el acercamiento ruso a Pekín? ¿Puede una gran potencia alcanzar verdadera soberanía mientras dependa de exportar petróleo, gas y materias primas?

Durante décadas, Rusia protagonizó una contradicción difícil de sostener a largo plazo. Mientras mantenía un creciente enfrentamiento político con Estados Unidos y sus aliados, una parte considerable de su riqueza continuaba dependiendo del sistema financiero organizado alrededor del dólar y el euro.

Rusia exportaba petróleo, gas, carbón, metales y otras materias primas, pero buena parte del dinero obtenido acababa circulando por monedas, bancos y mercados financieros situados bajo la influencia de las mismas potencias con las que estaba  chocando políticamente.

  La guerra de Ucrania hizo saltar esa contradicción por los aires. Las sanciones adoptadas desde 2022 alcanzaron bancos, tecnología, transportes, seguros, exportaciones energéticas y activos financieros. Pero probablemente la medida que tuvo mayor significado político fue la inmovilización de alrededor de 300.000 millones de euros en activos del Banco Central ruso mantenidos fuera del país.

El mensaje resultaba difícil de ignorar: guardar una parte importante de la riqueza nacional dentro del sistema financiero controlado por tus adversarios supone ni mas ni menos que entregarles una poderosa herramienta de presión.

 Desde ese momento, para Moscú el dólar dejó de ser simplemente una moneda internacional. También pasó a representar un riesgo.

 El yuan entra por la puerta que cerraron las sanciones

 Rusia necesita vender petróleo y gas. Necesita importar maquinaria, vehículos, componentes electrónicos y numerosos productos industriales. Necesita bancos capaces de procesar esos intercambios y monedas en las que pagar y cobrar. Cuando una carretera queda cortada, el tráfico busca otra salida. Y la gran carretera disponible conducía inevitablemente hacia China.

 Las sanciones aceleraron extraordinariamente un proceso que ya había comenzado anteriormente. El comercio ruso se desplazó hacia Asia, aumentaron las operaciones realizadas en monedas diferentes al dólar y el yuan adquirió una presencia creciente dentro del propio mercado ruso. La desdolarización rusa, por tanto, no cayó del cielo. Fue impulsada precisamente por quienes pretendían utilizar el dólar y el sistema financiero occidental como instrumentos para aislar económicamente a Moscú.

 Pero aquí empieza la parte realmente interesante de la historia. Porque reducir la dependencia del dólar no significa necesariamente reducir la dependencia económica.

El problema está debajo del petróleo

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Se cumple un nuevo aniversario del asesinato de León Trotsky

Por Prensa UIT-CI

20/08/2026. El 21 de agosto se cumple un nuevo aniversarios del asesinato del dirigente revolucionario Lev Davídovich Bronstein, mejor conocido mundialmente como León Trotsky. Desde la corriente internacional Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional, pretendemos continuar su legado dando la pelea titánica para unir a los revolucionarios del mundo para conquistar el socialismo. Compartimos este artículo publicado por Izquierda Socialista, sección argentina de la UIT-CI. por el 85 aniversario de la muerte de León Trotsky.

21 de agosto de 1940: León Trotsky era asesinado por un agente estalinista

Trotsky fue uno de los principales dirigentes revolucionarios del siglo XX. Encabezó la primera revolución socialista triunfante de la historia junto a Lenin en Rusia. Su nombre está asociado a la lucha por el socialismo, la democracia obrera y el internacionalismo. Con su asesinato, Stalin intentó cortar la continuidad histórica de la lucha obrera revolucionaria. Pero su legado sigue vigente.

El 20 de agosto de 1940 León Trotsky recibió en su residencia de la calle Viena 19 en Coyoacán, México a Frank Jackson. El joven, introducido en el entorno de Trotsky como novio de una de sus colaboradoras, se había presentado con la excusa de intercambiar opiniones sobre un artículo. Jackson aprovechó un momento de descuido para atacar por la espalda al viejo líder revolucionario. Al día siguiente, Trotsky falleció por las heridas sufridas. Jackson, quien era un agente del servicio secreto soviético cuyo verdadero nombre era Ramón Mercader, había logrado consumar la sentencia dictada por José Stalin, líder de la URSS: “¡maten a Trotsky!”.

El asesinato del dirigente ruso fue la culminación de un acecho implacable, iniciado en 1927 con su destierro de Rusia, su exilio obligado por “el planeta sin visado” y el asesinato y persecución a sus seguidores, colaboradores y familiares.1

La causa de tal saña se encontraba en que, desde mediados de la década de 1920, Trotsky se había enfrentado a Stalin en su intento de consolidar su poder burocrático en la URSS. Se había opuesto, tras su formulación en 1924, a la concepción no marxista del “socialismo en un solo país” que abandonaba el internacionalismo y, desde 1935, a los “frentes populares” de conciliación con las burguesías en los partidos comunistas y la Tercera Internacional.

Entre 1936 y 1938, Stalin montó los “Juicios de Moscú”: una farsa judicial para exterminar a la vieja guardia dirigente del partido de Vladimir Lenin y a sus opositores. Trotsky fue el principal inculpado porque era el más destacado y consecuente dirigente opositor a la burocracia estalinista y encarnaba la continuidad del programa socialista revolucionario, la democracia obrera y el internacionalismo.

 Una vida dedicada a la revolución socialista