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Proclamar la victoria, aunque se admita la derrota: no hay una forma fácil de abrir Ormuz

ALASTAIR CROOKE

El contraataque estratégico iraní no fue concebido para propiciar una negociación, sino para crear las circunstancias que le permitan escapar de la «jaula» impuesta por Occidente

Las derrotas que Occidente sigue sufriendo son, sobre todo, intelectuales. Y «no ser capaces de comprender lo que ven implica que es imposible responder eficazmente». Así lo argumentó Aurelien. Pero «el problema va más allá de la lucha en el campo de batalla, y radica en comprender la naturaleza de las guerras asimétricas y sus dimensiones económicas y políticas».

«Esto se ve especialmente en el caso de Irán, donde… Washington parece incapaz de comprender que la ‘otra parte’ sí tiene una estrategia con componentes económicos y políticos, y la está implementando»

«[En consonancia con la obsesión occidental por las trivialidades], toda la atención mediática se ha centrado últimamente en el despliegue de tropas estadounidenses en la región y sus posibles usos, como si eso, por sí solo, fuera a decidir algo. Sin embargo, en realidad, el verdadero problema reside en el desarrollo y despliegue por parte de Irán de un nuevo concepto de guerra, basado en misiles, drones y preparativos defensivos, y en la incapacidad de Occidente, con su mentalidad centrada en las plataformas, para comprender y procesar estos acontecimientos [es decir, asimilar plenamente la estrategia que subyace a la guerra asimétrica]»

El concepto y modelo de seguridad de Irán se planificó hace más de 20 años. El detonante para el paso a un paradigma asimétrico fue la destrucción total del mando militar centralizado de Irak por parte de EEUU en 2003, como resultado de un ataque aéreo masivo de tres semanas sobre Bagdad.

El problema que surgió para Irán a raíz de este suceso fue cómo construir una estructura militar disuasoria cuando no poseía (ni podía poseer) una capacidad aérea comparable a la de un adversario de su nivel. Y, además, cuando EEUU podía observar la magnitud de la infraestructura militar iraní desde sus cámaras satelitales de alta resolución.

La primera respuesta consistió simplemente en mantener la menor parte de su estructura militar expuesta a la vista desde el aire. Sus componentes debían estar enterrados, y a gran profundidad (fuera del alcance de la mayoría de las bombas). La segunda respuesta fue que los misiles enterrados a gran profundidad podrían, de hecho, convertirse en la «fuerza aérea» de Irán, es decir, un sustituto de una fuerza aérea convencional. Por lo tanto, Irán lleva más de veinte años construyendo y almacenando misiles. La tercera respuesta fue dividir la infraestructura militar de Irán en comandos provinciales autónomos, descentralizando los centros de mando, cada uno con sus propios depósitos de municiones, silos de misiles y, cuando procediera, sus propias fuerzas navales y milicias.

En resumen, la maquinaria militar de Irán, en caso de un ataque selectivo, fue diseñada para operar como una máquina de represalia automatizada y descentralizada que no puede ser detenida ni controlada fácilmente.

Cuando no podemos comprender lo que tenemos delante de nuestros ojos, lo más fácil es recurrir a lo que uno conoce –un despliegue de tropas– y seguir haciendo lo que no ha funcionado en el pasado.

En una etapa anterior de su carrera, un joven Trump, desesperado por ser admirado como una estrella en el mundo inmobiliario de Manhattan, eligió al abogado neoyorquino Roy Cohen como su mentor personal. «Este último era también el abogado de las cinco grandes familias criminales de la ciudad, quien, con conexiones como estas, se había ganado la reputación de ser alguien con quien no convenía meterse», relata el comentarista militar israelí Alon Ben David.

En la mayoría de los casos, a Trump le bastaba con presentar a Cohen a la otra parte del acuerdo para que esta aceptara sus condiciones. A veces, Trump también se veía obligado a llevar a la otra parte a los tribunales, donde Cohen se defendía con uñas y dientes ante los jueces y ganaba. Pero ese siempre fue el objetivo principal de Trump: ganar. No para aumentar el pastel, no para que ambas partes ganaran, sino para obtener una victoria solo para él, y preferiblemente con la rendición de la otra parte.

El tiempo avanza y, como escribe Ben David, el coloso militar estadounidense sirve hoy como el «Roy Cohen» de Trump. Este exhibe el poderío militar estadounidense ante los iraníes con la esperanza de que capitulen fácilmente; de lo contrario, Trump les dará rienda suelta. Tras la concentración de la armada estadounidense frente a la costa persa, Trump se quejó ante Witkoff de que estaba «perplejo y confundido» por el hecho de que los iraníes no hubieran capitulado al avistar semejante poder naval.

«[La razón del desconcierto de Trump es que] esta vez se enfrenta a un oponente diferente a cualquiera que haya conocido. No se trata de magnates inmobiliarios de Manhattan ni de mafiosos de Atlantic City, sino de persas, miembros de una cultura milenaria, con conceptos distintos del tiempo y de lo que significa la victoria».

Trump ahora no sabe qué hacer: está confundido y no sabe cómo salir de este aprieto. Ha amenazado a Irán, pero no ceden. Y como era de esperar, el régimen de Netanyahu, temiendo que Washington pueda entablar negociaciones con Irán antes de que sus capacidades militares hayan sido completamente desmanteladas, «está presionando a Trump para que lleve a cabo una operación breve y de alta intensidad que podría incluir fuerzas terrestres» , escribe el comentarista israelí Ben Caspit en Ma’ariv.

Si bien Trump está enviando mensajes contradictorios sobre las perspectivas de conversaciones con la República Islámica, los funcionarios israelíes creen que está considerando tres opciones: primero, intensificar la guerra atacando la infraestructura energética de Irán en la isla de Kharg y en su yacimiento de gas de South Pars; y como segunda opción, una operación terrestre para eliminar las reservas de uranio altamente enriquecido de Irán.

Una tercera opción que se baraja sería negociar un acuerdo con Irán, pero tal posibilidad sería vista por los círculos dirigentes israelíes como una «clara victoria iraní que allanaría el camino para la supervivencia de la República de Irán», escribe Caspit. «Israel se centra (ilusoriamente) en debilitar al régimen hasta el punto de que no pueda recuperarse, con la esperanza de, tal vez, fomentar futuras protestas masivas. Este argumento también se utiliza para convencer a Washington de que continúe la guerra», subraya Caspit.

Una cuarta opción podría ser que Trump simplemente declare la victoria y se retire.

¿Qué podría esperar lograr Trump, siendo realistas, si amplía la guerra?

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La oportunidad del estrecho de Ormuz

Fuentes: CTXT [Imagen: Personas yendo a trabajar en bicicleta en Copenhague (Dinamarca). / Kristoffer Trolle]

Por Carlos Moreno Azqueta, Pedro Díaz Alejo | 04/04/2026 | 

El 80 % de la población vivimos en países que importan combustibles fósiles del 20 % restante. Y cada día que nos resistimos a cambiar le insuflamos más vida

En las últimas semanas, la invasión de Irán ha puesto patas arriba el orden internacional. Los iraníes lo han sentido en carne propia a través de ataques y bombardeos que suponen diversos crímenes de guerra perpetrados por Estados Unidos e Israel y que infligen dolor, muerte y desesperación a la población. Estos ataques incluyen uno a una refinería que provocó una lluvia de gasolina sobre los 10 millones de habitantes de Teherán. Mientras, el resto del mundo lo siente a través de una subida de precios generalizada provocada por la respuesta militar iraní: el bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que pasan el 20 % del gas y el petróleo mundial, y más del 30 % de los fertilizantes. Sumado a los ataques a infraestructuras de producción de combustibles fósiles, sabemos que la inflación provocada se alargará como mínimo meses, y que el shock podría ser comparable a las crisis del petróleo de los 70.

El modo en el que la economía mundial se resiente dice mucho de nuestra dependencia respecto a la industria fósil. A pesar de que en los últimos años las energías renovables se han abierto paso y sus costes se han reducido, hoy no llega al 20 % de la energía primaria total que se consume en España; en el conjunto del planeta, los combustibles fósiles suponen más de un 80 % de la energía consumida, ya sea en forma de electricidad, o, más relevante, para alimentar nuestras inmensas flotas de coches a combustión y fábricas industriales. Incluso nuestro sistema alimentario está hecho de gas y petróleo: los insumos fósiles que incorporamos a la tierra suponen un mayor gasto de energía que los cultivos que obtenemos, haciendo que el sistema sea energéticamente deficitario. Nos movemos, consumimos y comemos gracias al petróleo, el gas y el carbón.

La maquinaria fósil empodera a todos aquellos que usan la energía y el ecocidio como armas de guerra, desde Palestina hasta Cuba

Esta crisis no será la última. Por todo el mundo, los combustibles fósiles están asociados a la guerra, las dictaduras y la violación de derechos humanos, y en nuestra dependencia financiamos, día tras día, los mismos misiles que hoy impactan en Teherán. Por eso abandonar los combustibles fósiles es hoy una lucha internacionalista: no sólo son los países del sur global quienes más sufren las consecuencias de una crisis climática generada en el torno, sino que la maquinaria fósil empodera a todos aquellos que usan la energía y el ecocidio como armas de guerra, desde Palestina hasta Cuba. En estas circunstancias, no se trata solo de proteger a la ciudadanía de un shock inflacionario, sino de convertir la situación en una oportunidad para alcanzar autonomía y construir un mundo en paz.

Tras las sucesivas crisis del petróleo de los años 70, ciudades como Copenhague optaron por transformar su modelo de movilidad, apostando por la bicicleta, el transporte público y las ciudades cercanas. Pero fueron pocas quienes siguieron su ejemplo: en España, nuestra idea de modernización y progreso se centró en torno al coche como el epítome de la libertad, y las administraciones no dejaron de privilegiar ese modelo. Hoy, las carreteras, aparcamientos y gasolineras llenan nuestro espacio público; la contaminación atmosférica acaba con la vida de 400.000personas al año solo en Europa, y nos hemos enredado en una dependencia evitable con Irán, Rusia, Argelia o Estados Unidos.

El sector del transporte es el principal generador de emisiones de gases de efecto invernadero en España (un tercio del total en 2024), y más del 90 % de las emisiones que produce este sector en nuestro territorio corresponden al transporte por carretera. No existe transición energética ni solidaridad internacionalista sin reducir significativamente los trayectos de nuestro ejército de coches de tonelada y media, que quedan estacionados el 97 % del tiempo y en la mayor parte de los viajes apenas mueven un individuo de 70 kilos. 

Privatizar cada segmento de nuestra vida amputa la posibilidad de un consumo comunitario

Pero esta reducción no debe entenderse como un sacrificio, una renuncia en favor de un bien mayor, ya sea la autonomía, la paz, la economía, el medio ambiente o la salud. Tenemos que entenderlo como una oportunidad para vivir mejor, para construir un sistema de movilidad más resiliente, eficiente y humano. Frente al atasco y la contaminación atmosférica, proponemos el lujo colectivo de un transporte público gratuito y de calidad, de carriles bici seguros, zonas peatonales y una vertebración efectiva de las zonas rurales. Porque además de monstruoso, el capitalismo fósil es también ineficiente. Al privatizar cada segmento de nuestra vida amputa la posibilidad de un consumo comunitario que, en el caso del transporte, es capaz de mover a muchísima más gente usando menos recursos.

Aunque la transformación que proponemos es profunda, sus políticas son muy simples de aplicar. Bélgica paga por kilómetro recorrido a cada ciudadano que abandona el coche para ir al trabajo en bicicleta, una política que debe combinarse con una reestructuración urbana para que los carriles bicis sean seguros y lleguen a los sitios. Las líneas y frecuencias del transporte público pueden ampliarse mientras se reducen los precios. Podemos fomentar la compartición de los vehículos y obligar a las empresas a desarrollar planes de movilidad que reduzcan emisiones. O, como la propia Agencia Internacional de la Energía proponía al tiempo que nuestro Consejo de Ministros deliberaba sus medidas anticrisis, podemos reducir la velocidad a la que nos movemos o tomar menos aviones por motivos profesionales. Este artículo se haría interminable si mencionamos cada propuesta, pero el repertorio es amplio.

Nuestras soluciones hoy son muchas más que las que Dinamarca tuvo en los años 70. Por un lado, podemos desterrar de forma definitiva los combustibles fósiles y la nuclear sustituyéndolos por energías renovables, hoy mucho más eficientes y limpias: podemos alcanzar un 100 % de generación eléctrica renovable, y también electrificar la mayor parte de nuestra economía, apostando por las bombas de calor y los autobuses eléctricos.

Al mismo tiempo, si bien nuestra demanda energética ha crecido enormemente a nivel mundial, no siempre lo ha hecho nuestro bienestar. Gran parte de nuestros usos energéticos tienen que ver con el derroche, la ineficiencia o el enriquecimiento de una minoría a costa de los demás. No necesitamos una industria militar que se deleita con cada nuevo ataque, una obsolescencia programada que nos obliga a consumir más y más o un modelo agroindustrial que destruye la biodiversidad a base de monocultivos. Nuestras posibilidades para reducir el consumo energético viviendo mejor son enormes.

Frente a la crisis del estrecho de Ormuz, hay quien querrá capear el temporal y mantener el modelo. No es momento para grandes cambios, dirán, todo esto es muy caro. Pero sabemos que mienten. Defienden un sistema moribundo pero letal, una economía de la muerte y la guerra, en la que el 80 % de la población vivimos en países que importan combustibles fósiles del 20 % restante. Y cada día que nos resistimos a cambiar le insuflamos más vida.

Tenemos todas las herramientas para abandonar los combustibles fósiles y vivir mejor. Para construir un mundo que satisfaga las necesidades energéticas de toda la población sin alimentar el extractivismo, un mundo construido sobre la igualdad y la solidaridad, entre los seres humanos y entre el conjunto de seres vivos que poblamos este planeta. No desaprovechemos la oportunidad.

Carlos Moreno Azqueta y Pedro Díaz Alejo son activistas de Ecologistas en Acción.

Fuente: https://ctxt.es/es/20260301/Firmas/52674/carlos-moreno-azqueta-pedro-diaz-alejo-ormuz-estrecho-guerra-iran-eeuu-combustibles-fosiles-energia-renovable-dependencia.htm

Rebelion 04/04/26

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¿Qué está en juego en la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán?

Fuentes: Jacobin América Latina – Imagen: El presidente del Estado Mayor Conjunto estadounidense, el general Dan Caine, ofrece una conferencia de prensa sobre la Operación Epic Fury en el Pentágono, 19 de marzo de 2026. (Vía Wikimedia Commons)

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán entrelaza numerosos elementos geopolíticos clave, que van desde la apuesta inmediata para controlar vías estratégicas de circulación comercial hasta el inicio de una reorganización regional a gran escala.

Las escaladas bélicas en años recientes y, particularmente, las planteadas desde 2022 en Ucrania-Rusia, Palestina (y la región circundante. incluyendo a Israel, Líbano, Yemen, Iraq e incluso Afganistán y Pakistán), Venezuela e Irán, además de los países sancionados unilateralmente, conforman distintas batallas que están relacionadas. Ese uso de la fuerza busca impedir el declive hegemónico estadounidense y occidental en el mundo, que se siente desafiado por la irrupción de China, Rusia y sus alianzas.

En esta transición hegemónica global y conflictiva (una verdadera crisis sistémica), se intenta frenar el declive estadounidense (con una deuda de 38 billones de dólares) mediante un incremento del uso de su complejo militar-industrial. Eso no significa que vayamos a ver un final abrupto, sino que el rol estadounidense está puesto en cuestión por el ascenso o la recuperación de otras potencias en los planos militar, económico, científico-tecnológico y de distribución del poder mundial.

La situación interna de Estados Unidos está marcada por tensiones internas y crisis económicas. Una válvula de escape de su política hacia el exterior es la guerra e intervención en la política de otros países. Mientras su actualidad económica se ha debilitado, su poder militar se sigue expandiendo y se utiliza para doblegar rivales y subordinar a los países alineados. Por eso, traslada las disputas a ese terreno, al uso de medios militares «directos» e «indirectos» para intentar neutralizar el desarrollo de China y sus aliados.

Pese a argumentar que lo más importante era «America first» (Estados Unidos está primero), la estrategia de la política exterior estadounidense, si bien ha ido cambiando en la retórica, no refleja grandes cambios en los hechos. Por ejemplo, los defensores de esta política y del movimiento «Make America Great Again» (MAGA) proponían frenar en poco tiempo las guerras, pero los acontecimientos marcaron otro desenvolvimiento. El  objetivo de complicar los lazos económicos de otros países con China y de distanciarla de Alemania y la Unión Europea aumentaron, a su vez, la carrera armamentística y la belicosidad.

La otra gran tendencia coyuntural y estructural es el ascenso del poderío chino. Esto envuelve una disputa y una competencia con Estados Unidos en el terreno comercial, de los mercados, en lo tecnológico y en la influencia planetaria. Aunque siguen manteniendo intercambios en varias ramas, se registró una caída del 20 % en esos movimientos y. durante la última década, el gigante asiático alcanzó el 30 % de la producción industrial mundial, sobrepasando ya desde 2008 el 15 % de la de Estados Unidos (en 1995, Estados Unidos tenía más del 20 %, cuadruplicando el 5 % del país asiático).

Hoy China es el mayor importador mundial de petróleo y alrededor de tres cuartas partes de su consumo dependen del exterior. Es, además, el principal comprador de crudo de Irán y uno de los mayores importadores del de Arabia Saudita, al tiempo que lidera inversiones para  una transición energética orientadas a reducir el uso de combustibles fósiles. Esta doble condición explica su interés estratégico en asegurar rutas de suministro a través de puertos del Cuerno de África y de los principales estrechos marítimos, en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR). En ese esquema, China adquiere cerca del 19 % del petróleo que exporta Rusia, el 15 % del de Arabia Saudita y alrededor del 15 % del de Irán. En este último caso, esas compras representan más del 90 % de las exportaciones iraníes de crudo, que se comercializa con descuentos para sortear las sanciones internacionales.

En este contexto, se observa un realineamiento de las alianzas regionales en torno a la gravitación económica y política de China. Resulta clave considerar no solo las vastas reservas de hidrocarburos de países como Arabia Saudita, Irán y Emiratos Árabes Unidos—ubicadas en el estratégico Estrecho de Ormuz—, sino también la incorporación de los dos últimos al BRICS+ a partir de 2024 (con la invitación simultánea para Arabia, en proceso de integración). La ampliación de este bloque refuerza la articulación entre potencias energéticas y los nodos logísticos clave, como sucede con Egipto (el país más poblado de la región, que también ingresó al BRICS+ en 2024), que controla el Canal de Suez, y con Etiopía, situada en el Cuerno de África, próxima al estrecho de Bab el-Mandeb, por donde circula una parte sustancial del comercio mundial de hidrocarburos.

¿Qué se dirime en esta guerra?

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Israel aprueba ahorcar a prisioneros palestinos en medio de una nueva escalada regional

El parlamento israelí, la Knesset, aprobó una ley que habilita la pena de muerte express por ahorcamiento contra prisioneros palestinos condenados por el asesinato de israelíes en causas clasificadas como “terrorismo”. La medida, de carácter excepcional incluso dentro del propio sistema legal israelí, se inscribe en un contexto de creciente endurecimiento represivo contra la población palestina. Mientras continua el genocidio en Gaza. Más de 9 mil presos palestinos en el cual 360 son niños. Temen por ejecusiones masivas. En varias ciudades de Israel se registraron protestas que fueron reprimidas contra la «guerra eterna» y contra el «sionismo»Por ANRed.

La normativa establece condiciones altamente cuestionadas desde el punto de vista jurídico: no requiere un veredicto unánime para dictar la sentencia, no contempla posibilidad de indulto y fija un plazo de ejecución de apenas 90 días desde la condena. Esto abre la puerta a ejecuciones aceleradas en un sistema denunciado reiteradamente por organismos internacionales por su sesgo estructural contra los palestinos.

El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, celebró públicamente la aprobación de la ley, intentando incluso descorchar una botella de champán dentro del recinto legislativo, en una escena que fue parcialmente contenida por personal de seguridad.

Más de 9.300 prisioneros palestinos en cárceles israelíes

Según datos difundidos por organizaciones de derechos humanos, actualmente hay más de 9.300 palestinos detenidos en cárceles israelíes, entre ellos al menos 350 niños y 66 mujeres. Diversas denuncias los caracterizan como detenidos en condiciones que vulneran derechos básicos, incluyendo detenciones administrativas sin juicio.

La aprobación de esta ley genera alarma sobre la posibilidad de que cientos de estos prisioneros puedan enfrentar ejecuciones en el corto plazo.

La Organización de las Naciones Unidas advirtió que las penas de muerte obligatorias constituyen una violación directa del derecho a la vida, además de contradecir normas fundamentales del derecho internacional. También hubo críticas por parte de cancillerías europeas, aunque sin anuncios concretos de sanciones o medidas de presión.

Escalada militar: ataques en Líbano y tensiones con Irán

En paralelo a esta avanzada legislativa, Israel intensificó en los últimos días sus ataques sobre el sur del Líbano, en una dinámica que profundiza el conflicto regional. Bombardeos recientes impactaron zonas donde operan fuerzas vinculadas a Hezbolá, aumentando el riesgo de una guerra abierta en la frontera norte israelí. La resistencia libanesa ya registro más de un centener de ataques a las fuerzas israelíes que incluyen la destrucción de blindados.

A su vez, se registraron nuevos lanzamientos de misiles desde Irán hacia territorio israelí, en lo que distintos analistas interpretan como una respuesta indirecta en el marco de un conflicto que ya desborda Gaza y amenaza con regionalizarse aún más.

Protestas contra la guerra dentro de Israel

En este contexto de creciente militarización, también emergen disidentes dentro de Israel. Alrededor de un millar de personas se manifestaron el pasado sábado en distintas ciudades del país contra lo que definieron como una nueva “guerra eterna”.

Las protestas se desarrollaron en más de 30 localidades, incluyendo Tel Aviv, Haifa, Jerusalén y Beerseba, bajo el lema “Por todas nuestras vidas”. La convocatoria fue impulsada por exdiputados en conjunto con organizaciones pacifistas como Standing Together, Peace Now y Women Wage Peace. También se vieron pancartas contra el sionismo.

Según denunciaron sus organizadores, las movilizaciones fueron reprimidas de forma violenta por la policía. “Activistas de derecha y la policía recibieron instrucciones de realizar arrestos y silenciar la disidencia”, señalaron desde Standing Together. De acuerdo con reportes periodísticos, al menos ocho personas fueron detenidas, aunque las autoridades no confirmaron oficialmente la cifra.

En la Plaza Habima de Tel Aviv, uno de los principales puntos de concentración, manifestantes exhibieron imágenes de niños muertos en ataques israelíes en distintos territorios, incluyendo Irán, Líbano y Cisjordania ocupada. En Haifa, ciudad especialmente golpeada por los intercambios de fuego, se desplegaron pancartas con consignas como “Netanyahu es un peligro para Israel”, «el sionismo es muerte».

www.anred.org/israel-ahorcar-a-prisioneros-palestinos-en-medio-de-una-nueva-escalada-regional/

Anred 30/03/26

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Derechos Humanos General Internacional

Irán, el pantano de Trump

Escribe Miguel Sorans, dirigente de la UIT-CI y de Izquierda Socialista/FIT Unidad

La guerra de agresión imperialista sobre Irán que, según Trump, ya estaba ganada desde el comienzo, ya lleva un mes. Trump dice un día una cosa y al otro día otra. Hace una semana dio a Irán un “ultimátum” de 48 horas, a partir del cual empezaba un “ataque total”. Al otro día, anunció que suspendía los ataques por cinco días porque estaba en “productivas” negociaciones con autoridades iraníes. Lo que fue desmentido por Irán. El final de la guerra está en veremos.

Nada es creíble en manos de Trump. Cualquier cosa puede pasar. Que se agrave aún más la guerra, que desembarquen marines o que realmente se abra una negociación. El asesino de Netanyahu e Israel, por otro lado, ya avisaron que, más allá de cualquier negociación, no piensan detener sus acciones militares contra Irán y el Líbano (ver recuadro abajo).

Pero hay un hecho claro, es Trump el que retrocede. En medio de sus bravuconadas en las que anunció, una y otra vez, que “las fuerzas armadas iraníes dejaron de existir”, que “ya no tienen capacidad misilística” o “los arrasamos”, tuvo que aparecer enviando una propuesta de quince puntos, que fueron rechazados por Irán.

Siempre se ha dicho que el que pide negociar en una guerra es el que está perdiendo. Y esto es lo que está sucediendo con Trump y su agresión criminal y genocida. Pese a la evidente superioridad militar de los Estados Unidos y su aliado Israel, Trump está empantanado política y militarmente en Irán.

Las razones por las cuales Trump quiere salir de esta guerra

La primera razón es que la resistencia de Irán ha sido muy superior a lo que creían Trump y Netanyahu.

Irán es un gran país de 93 millones de habitantes que ha tirado por tierra todo pronóstico militar. En los primeros días mataron al máximo Ayatolá y parte de la jefatura militar iraní y creían que con eso empezaba el principio del fin agitando que la gente salga a la calle.

Pero sucedió al revés, la televisión iraní estuvo mostrando manifestaciones masivas en Irán, en medio de las bombas, de apoyo al gobierno y de repudio a la agresión. Por qué, aunque gran parte del pueblo trabajador, la juventud y las mujeres odian al régimen teocrático, más odian las agresiones imperialistas y de Israel. Por otro lado, Irán confirma, aunque esté debilitado, que tiene un potencial de misiles, que penetran en Israel y que llegaron a lanzar dos misiles a la base militar de la isla Diego García, en el Océano Indicio, que está a 4.000 kilómetros de distancia de Irán.
La Cúpula de Hierro, de Israel, no colapsó, pero en parte está desbordada. Como nunca ocurrió, las ciudades de Israel reciben misiles y las alarmas son permanentes. Creían que iba a ser una “guerra relámpago”, muy corta y no ha sido así. Todo indica que fue Netanyahu el que convenció a Trump de hacer el ataque. Mientras Trump no logra explicar por qué es la agresión. Primero dijo que era hasta terminar el régimen después dijo que no era necesario.

El punto más débil de Trump no es militar sino político

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Ucrania: 4 Años de resistencia ante el Imperialismo

Por Lucha Internacionalista – Seccion de la UIT-CI en Estado Español

26/02/2026 A cuatro años del inicio de la invasión rusa, lo que debía ser una operación relámpago para establecer un régimen afín al Kremlin se ha convertido en una guerra de desgaste que ya se ha cobrado cientos de miles de vidas. El frente está casi estancado, el ejército ruso continúa perpetrando crímenes de guerra. El año 2025 ha sido el más letal para la población civil con 3.218 muertos y 8.901 heridos, un aumento del 37% respecto a 2024. Y ahora Moscú cuenta con el apoyo de los Estados Unidos de Trump, que reclaman la entrega de territorio ucraniano al invasor. Trump ha dado alas a Putin y ha recortado el apoyo militar a Ucrania en más del 90% para doblegarla. El agotamiento es evidente, pero la gente continúa resistiendo.

El invierno está siendo muy duro, aún más que los anteriores, mientras Rusia ha intensificado los ataques sobre infraestructuras civiles y deja constantemente sin electricidad ni calefacción a grandes partes del territorio ucraniano en un intento de desmoralizar la resistencia. En los territorios bajo ocupación, al este, la población padece un régimen de terror policial y rusificación forzosa. En el frente, la línea se ha desdibujado con los medios de guerra actuales. La guerra de drones ha impuesto otras condiciones de terror y ya no podemos hablar de la línea del frente, sino de una franja de 20 km a ambos lados.

Trump quiere imponer un plan de paz a Zelenski a medida de Putin. El acuerdo pretende legitimar la ocupación con la idea de congelar el frente actual. Significa premiar la agresión rusa y ceder el 20% del territorio ucraniano (Crimea y el Donbás). Rusia dilata la negociación a la espera de avances significativos en la línea del frente que no llegan. Witkoff, el enviado especial de Trump, afirmó que la “causa principal” de la guerra era que Ucrania era un “país falso”, reproduciendo el discurso del Kremlin. El magnate estadounidense intercambia favores con Putin esperando que este le retribuya en otros intereses estratégicos para Washington, como ha hecho al permitir con la abstención, sin recurrir al veto, los planes de Trump para la colonización de Gaza en el Consejo de Seguridad de la ONU, o con el silencio ruso ante el ataque de los EUA a Venezuela. Ucrania es para Trump solo una moneda de cambio.

El gobierno de Zelenski, al ligar su destino al financiamiento y armamento del imperialismo, de la OTAN, los EEUU y la UE, y no a la movilización independiente de su pueblo, se ha encontrado dependiendo de sus políticas y, aún más, atrapado ante el cambio de amo en Washington. El pueblo ucraniano se enfrenta a un gobierno endeudado, que ha aplicado leyes contra los y las trabajadoras en favor de los grandes oligarcas, y a la amenaza de un futuro como colonia económica tras la entrega de explotaciones de las tierras raras a los EEUU. Estas políticas debilitan el esfuerzo del pueblo trabajador ucraniano para hacer frente a la invasión rusa.

Pero la prolongación de la guerra comienza a pasar factura al Kremlin. Cada vez le es más difícil conseguir soldados para el frente. Los mandos militares piden 400.000 más y tienen que recurrir al reclutamiento de mercenarios. El pago de los sueldos y de las indemnizaciones por muerte se disparan y los costes de la guerra han obligado al Kremlin a presentar unos presupuestos con aumento de impuestos y recortes de las partidas sociales en sanidad, educación y servicios sociales. Ha crecido la inflación y cae el apoyo inicial a la invasión mientras continúa la represión sistemática de toda manifestación de crítica a Putin.

La estrategia de Trump también intenta debilitar a los imperialismos europeos, como en las propuestas para convertir a Europa en gendarme mediante una zona desmilitarizada patrullada por tropas europeas. Esto implica explorar la debilidad de los imperialismos europeos y otra forma de hacer pagar la deuda que la administración Trump exige como pago por sus servicios en la OTAN. La impotencia de la UE se evidencia, así como la división con gobiernos como el de Orbán en Hungría, abiertamente defensores de la agresión rusa.

Los aumentos comprometidos en la cumbre de la OTAN del 5% de gasto militar no tienen que ver con el suministro de armamento a Ucrania, que no supone ni la mitad del aumento en gasto militar de la UE en los últimos 3 años. Rechazamos la doble moral de los gobiernos de la UE, que hablan de apoyar a Ucrania y condenan la invasión rusa, justificando una política de sanciones y aislamiento internacional de Rusia, mientras se niegan a aplicar las mismas medidas ante el genocidio brutal del pueblo palestino. Mantienen a Israel como socio preferencial, con comercio de armas, en concursos y competiciones deportivas. Lo mismo hace el Gobierno de Sánchez-Díaz: a pesar de los aspavientos y las declaraciones, sigue comprando y vendiendo armas a Israel y colaborando con el genocidio.

Hacemos nuestro el llamamiento de la plataforma rusa “izquierda por la paz sin anexiones”: “Los rusos conscientes, la izquierda antibélica, debe aprovechar la situación actual para difundir la información sobre los crímenes inhumanos de Rusia en Ucrania. La empatía por los cortes de calefacción es posible considerando que a menudo el capitalismo ruso ha dejado sin calefacción a los trabajadores de Rusia. (…) el estado ruso no lleva a Ucrania la liberación, sino oscuridad, frío, muerte, dictadura… y por eso hay que resistir”.

El alineamiento de Trump con Putin deja sin política a la supuesta izquierda que divide el mundo en dos bloques irreconciliables encabezados uno por los EEUU y la OTAN y el otro por Rusia y China. La colaboración interimperialista, por muchas tensiones que tengan por el reparto del pastel, también se demuestra en el apoyo de Rusia a Israel, con el aumento de hasta el 70% del trigo que recibe Israel y hasta el 50% en derivados del petróleo. Rusia solo gesticula ante el ataque del imperialismo de los EEUU a Venezuela o el bloqueo a Cuba. Rusia es también un imperialismo capitalista que explota y oprime.

Los imperialismos y los gobiernos dictatoriales son los enemigos irreconciliables de los trabajadores y los pueblos. Nosotros estamos contra toda opresión imperialista. Estamos con la resistencia ucraniana ante la invasión rusa. De la misma manera, estamos con la resistencia palestina contra el imperialismo sionista. La única paz justa vendrá de la derrota de la invasión rusa. El pueblo ucraniano tiene el derecho a armarse para defenderse de la agresión. Es necesario reafirmar la solidaridad internacional con la lucha del pueblo ucraniano, con sus organizaciones sindicales y de izquierda. Rechazamos cualquier pacto a espaldas de la voluntad popular.

¡Fuera las tropas rusas de Ucrania! Retirada inmediata de los invasores.

 ¡No al plan de rendición de Trump! Rechazo a cualquier pacto secreto entre potencias que decida sobre la soberanía de los pueblos.

 Solidaridad contra la represión a los y las activistas rusos y bielorrusos contra la invasión.

 ¡Por una Ucrania independiente, al servicio de los trabajadores y las trabajadoras!

 ¡Solidaridad con la resistencia en Ucrania y Palestina! Contra la paz de los cementerios. 

uit-ci.org/index.php/2026/02/26/ucrania-4-anos-de-resistencia-ante-el-imperialismo/

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¡No a la Junta de Paz de Trump! ¡Fuera Israel de Gaza! ¡Palestina libre del Río al Mar!

Por Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI)

20/02/2026 El jueves 19 de febrero, Donald Trump inauguró la Junta de Paz (Board of Peace). Junto a 27 jefes de estado de distintos países del mundo, el jefe ultraderechista del imperialismo norteamericano, realizó una conferencia de prensa para anunciar los primeros pasos en su objetivo de colonizar Gaza.

Trump anunció que los Estados Unidos aportarán 10.000 millones de dólares iniciales para poner en marcha las faraónicas obras con las que buscan transformar a Gaza en zona turística de lujo, al servicio de las grandes trasnacionales del negocio inmobiliario con la construcción de 200 torres de lujo y abrir zonas para la inversión agropecuaria e industrial.

Trump no actúa solo. Su plan imperialista y colonizador cuenta con el apoyo de otros países y gobiernos ultraderechistas como Javier Milei quien ofreció el envío de los Cascos Blancos de Argentina para colaborar con la Fuerza Militar que busca controlar la franja. También estuvo presente primer ministro húngaro Viktor Orban y el presidente de Paraguay Santiago Peña.

Otros países como Kazajistán, Azerbaiyán, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Bahrein, Qatar, Arabia Saudita, Uzbekistán y Kuwait ofrecieron 7.000 millones de dólares extras para sostener los caprichos de Donald Trump y sus mentirosas afirmaciones pacificadoras, con el objetivo de repartirse el territorio de Gaza entre los grandes inversionistas. Llamativa fue la presencia del Gianni Infantino, presidente de la FIFA, quien también se suma a la iniciativa inversionista para anunciar un aporte de 75 millones de dólares para respaldar a Trump bajo el falso argumento de construir un estadio con 20.000 ubicaciones y una escuela de futbol en Gaza.

Anuncio faraónico con pies de barro

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Derechos Humanos General Nacional

El golpe genocida y las tareas pendientes

Escribe Francisco Moreira 

El golpe militar estuvo al servicio del plan de las grandes empresas y el FMI. La resistencia obrera y popular terminó derribando a la dictadura en 1982. Pero desde 1983 los sucesivos gobiernos continuaron aplicando los planes de ajuste y saqueo del FMI. La lucha continúa bajo el gobierno de 
Javier Milei.  

En marzo de 1976 los militares dieron el golpe e instalaron el terrorismo de Estado, un régimen de represión generalizada. Fueron suprimidas todas las libertades democráticas, intervenidas las organizaciones obreras y suspendida la actividad de los partidos políticos. La dictadura masificó los métodos represivos que ya se venían aplicando bajo el gobierno de Isabel Perón, impulsados por el siniestro ministro José López Rega, las patotas de la burocracia sindical y la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A).1 Miles fueron a las cárceles, torturados, asesinados y desaparecidos. Así buscaron aniquilar a la vanguardia de luchadoras y luchadores. Por eso gran parte de los 30 mil detenidos-desaparecidos son dirigentes, delegados y activistas sindicales y estudiantiles.

El movimiento obrero y popular fue derrotado, al tiempo que las patronales y el imperialismo lanzaron un ataque implacable para imponer sus planes de hambre y entrega bajo la batuta del general Jorge Rafael Videla y su ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz. Su objetivo era aplicar un plan económico de liquidación de las conquistas sociales y de saqueo del país. El genocidio se puso al servicio del FMI, de los grandes empresarios extranjeros y nacionales como Techint de la familia Rocca, Loma Negra de Amalita Fortabat, Molinos de los Pérez Companc, los Pescarmona o los Macri; también al servicio del capital financiero y de la estafa de la deuda externa.

Mientras esto sucedía, el presidente de la Conferencia Episcopal, obispo Adolfo Tortolo, convocaba a colaborar con el gobierno de Videla. Hoy, mientras Javier Milei niega el genocidio, los políticos patronales se llenan la boca hablando de “democracia” y repudian a la dictadura, pero en ese entonces acudían presurosos a colaborar. Los radicales aportaron embajadores e intendentes a la dictadura. El justicialista Tomás de Anchorena fue embajador en Francia. Muchos de ellos concurrieron a la confitería El Molino el 1º de diciembre de 1978 a la cena anual del Círculo de exlegisladores. El encargado del brindis fue el mismo Videla y entre los presentes estaban los radicales Ricardo Balbín y Antonio Tróccoli, treinta ex diputados justicialistas y hasta ex diputados comunistas, como Jesús Mira y Juan Carlos Comínguez.2

La resistencia, Malvinas y el fin de la dictadura

En medio de semejante horror empezó la resistencia obrera y popular que finalmente llevaría a la caída de la dictadura. Los militares, que venían para quedarse por décadas en el poder, duraron siete años. En su crisis y caída la clase trabajadora tuvo un protagonismo central.

A pesar de la derrota del golpe, las y los trabajadores empezaron una lenta recuperación. Ya en mayo de 1976, en Renault de Córdoba reclamaban aumento salarial con “trabajo a tristeza”. En los años siguientes hubo luchas de Luz y Fuerza, portuarios, trabajadores de subterráneos y ferroviarios. En 1979 hubo huelgas en Alpargatas, IME, Renault, Ferrum, Galileo, Capea, Santa Rosa (después Acindar) y Siam. Entre tanto, en abril de 1977 se realizó la primera ronda de las que luego serían las Madres de Plaza de Mayo.

En 1980 se produjo una grave crisis económica. Se terminaba la época de la “plata dulce” y sectores de la clase media, que habían paseado por el mundo porque había un dólar barato, comenzaron a entrar en crisis. La dictadura se quedaba así sin apoyo social, con la clase media uniéndose de hecho a la resistencia obrera. Aparecieron acciones populares moleculares cada vez más importantes: movimientos contra la censura de intelectuales y artistas o contra los impuestazos, y fue tomando forma la consigna “abajo la dictadura”. En julio de 1981 se produjo una huelga general parcial de la CGT.

La dictadura empezó a tener cada vez más dificultades y a entrar en crisis. En 1982, en un intento desesperado por sostenerse, el general Leopoldo Fortunato Galtieri, ahora al frente de la dictadura, lanzó la toma de Malvinas. El objetivo era tratar de desviar hacia los ingleses el odio popular creciente contra la dictadura. En ningún momento creyeron que iba a haber una guerra. Insólitamente creían que el imperialismo yanqui los iba a apoyar en una negociación con los ingleses para quedarse con las Malvinas. Cometieron varios errores a la vez. Los yanquis se unieron a los ingleses y la guerra de Malvinas provocó una movilización de masas antiimperialista, nacional y latinoamericana, que fue contra el gobierno militar, que rápidamente capituló. El papa Juan Pablo II vino al país para reforzar la actitud derrotista de la burguesía argentina. El 15 de junio una concentración popular en Plaza de Mayo gritaba: “Los pibes murieron, los jefes los vendieron”. Se produjo un vacío de poder. La dictadura caía. Galtieri tuvo que renunciar y los militares no tuvieron otra salida que irse a las corridas a negociar con los políticos patronales para convocar a elecciones.

De Alfonsín a Milei

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Derechos Humanos General

Irán: No a los bombardeos de Trump y Netanyahu

Irán: No a los bombardeos de Trump y Netanyahu

Por  Ezequiel Peressini, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad

11/03/2026. Los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán han escalado en una guerra abierta con la que el imperialismo busca profundizar su contraofensiva en Medio Oriente. Donald Trump improvisa ante la respuesta de Irán y la prolongación de la guerra.

Durante la madrugada del 28 de febrero, misiles de Estados Unidos e Israel cayeron masivamente sobre Irán. Los bombardeos alcanzaron la capital, Teherán, y diversas ciudades del país. En Minab, uno de los misiles Tomahawk lanzados por Estados Unidos impactó en la Escuela Primaria Femenina Shajare Tayyebeh y asesinó a 168 niñas y jóvenes, lo que, según Amnistía Internacional, podría constituir un nuevo crimen de guerra. En Teherán, otro misil alcanzó la residencia donde se encontraba el ayatolá Alí Jamenei, provocando la muerte de quien había sido líder supremo de Irán desde 1989 y que fue reemplazado el 8 de marzo por su hijo, Mojtaba Jamenei. Estos ataques unilaterales contra Irán provocaron, hasta el 5 de marzo, la muerte de más de 1.097 civiles, entre ellos 181 niños y niñas, y dejaron más de 5.400 heridos, incluidos al menos 100 menores (informa Hrana a la BBC). 

A pesar de la desigualdad técnica y militar, Irán ha respondido haciendo uso de su legítimo derecho a defenderse ante los ataques criminales. Desplegó ataques sobre las bases militares de Estados Unidos en Qatar, Kuwait, Bahréin, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, frustrando el objetivo original de Trump de imponer la rendición de Irán y el cambio de régimen en solo cuatro días de bombardeos. Irán ha lanzado misiles sobre Israel, provocando la penetración de la Cúpula de Hierro con un limitado impacto militar, pero con fuerte impacto político al hacer sonar las alarmas y demostrar las debilidades de Israel. Netanyahu extendió los ataques sistemáticos sobre el Líbano, provocando más de 570 asesinatos, 1.400 heridos y 759 mil personas desplazadas.

Una nueva expresión descontrolada de la contraofensiva imperialista 

Todo este millonario y criminal operativo es sostenido bajo el falso argumento de la seguridad nacional de Estados Unidos (que se encuentra a más de 11 mil kilómetros de distancia de Irán, lo suficientemente lejos como para ser atacado de manera directa por Irán) y la recurrente mentira de que Irán tiene bombas atómicas. Toda esta retórica imperialista busca ocultar que Trump cedió a las presiones de Israel y de Benjamín Netanyahu, de la misma manera que lo hizo durante la “Guerra de los 12 días” en junio de 2025. 

Israel busca comprometer aún más al gobierno yanqui y a sus socios para avanzar en su plan colonizador y militarista sobre Gaza, Palestina, Líbano y el sur de Siria con una nueva ofensiva militar en Medio Oriente. A cambio de los servicios imperialistas, Estados Unidos busca tomar el mayor control posible sobre sus intereses petroleros y políticos en la región. Trump anunció el 28 de febrero una actividad militar relámpago de cuatro días que ya está fracasando. Afirmó que su objetivo era terminar con la capacidad nuclear de Irán, luego buscar una negociación, para finalmente manifestar que su objetivo era imponer “un cambio de régimen” y llamó a la insurrección al pueblo iraní. Nada de esto ha sucedido y Trump cae nuevamente en grandes contradicciones, mostrando la endeblez e improvisación de sus planes políticos y militares y, hasta el momento, su incapacidad para desplegar una invasión terrestre triunfante que garantice la imposición de un nuevo gobierno proimperialista. 

La guerra le mete más leña al fuego a la crisis imperialista 

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Derechos Humanos General Internacional

Plan Cóndor / El imperialismo yanqui: cómplice de la dictadura

Escribe Mariano Barba

Mientras Estados Unidos perdía la guerra de Vietnam a comienzos de la década de 1970, en América Latina desplegaba la doctrina de la seguridad nacional. Esa estrategia luego se consolidó en el Plan Cóndor, un sistema de coordinación entre dictaduras para fomentar y organizar golpes de Estado en el Cono Sur. El golpe del 24 de marzo de 1976 en Argentina se inscribió en ese marco, con el objetivo de frenar las luchas populares e imponer planes económicos alineados con los intereses del imperialismo.

A comienzos de la década de 1970, las y los trabajadores y los pueblos protagonizaban acciones en distintas latitudes del mundo. Estados Unidos, con Richard Nixon como presidente, vivía grandes movilizaciones internas contra la guerra en Vietnam y sufría derrotas en el campo de batalla que culminaron con su retirada de ese país, lo que significó la primera gran derrota del imperialismo yanqui. Otros países coloniales africanos, como Guinea Bissau, Angola y Mozambique, tras largos años de lucha, conquistaron su independencia de las potencias europeas que los dominaban. Hacia el final de la década, en 1979, una gran revolución democrática en Irán derrocó al sha Reza Pahlevi; ese mismo año, en Nicaragua, se derrotaba a la dictadura de Anastasio Somoza en una guerra civil en la que participó nuestra corriente con la Brigada Simón Bolívar.

En América Latina también se desarrollaban grandes luchas en Chile, Argentina y Perú, que cerraban un período de derrotas marcado por el golpe en Brasil y el de Barrientos en Bolivia. En ese contexto, Estados Unidos avanzaba en la formación militar de los ejércitos latinoamericanos a través de la Escuela de las Américas, situada en la zona del Canal de Panamá. Allí se enseñaban doctrinas de contrainsurgencia, es decir, métodos para organizar golpes de Estado, coordinar la represión y formar escuadrones de la muerte. Estas políticas fueron las antesalas del Plan Cóndor, impulsado con respaldo y participación directa del gobierno estadounidense.

Durante las presidencias de Richard Nixon (1969-1974), Gerald Ford (1974-1977), Jimmy Carter (1977-1981) y Ronald Reagan (1981-1989), Estados Unidos prestó apoyo técnico, militar y político a los regímenes represivos del Cono Sur. A través de la CIA y el Pentágono se proporcionaban planificación, coordinación e instrucción en métodos de tortura y terrorismo de Estado.

Miles de asesinados y desaparecidos

Hacia 1978, la Operación Cóndor abarcaba ocho de los trece países de América del Sur y había establecido un área de represión e impunidad sin fronteras. El intercambio de información entre las dictaduras permitió operativos conjuntos de grupos de tareas integrados por agentes del país donde se encontraba la víctima y por sus contrapartes del país de origen. Estas operaciones muchas veces terminaban con traslados clandestinos de personas detenidas hacia su país de origen, algo habitual entre las dictaduras de Argentina, Uruguay y Chile.

La Comisión de Verdad y Justicia de Paraguay confirmó en 2003 que los documentos hallados en diciembre de 1992 en la comisaría de Lambaré, en Asunción, prueban la existencia del acuerdo entre las dictaduras para el intercambio de información y prisioneros. Según esos archivos, este plan asesinó a unos 50 mil opositores políticos en América Latina, dejó decenas de miles de detenidos desaparecidos y encarceló a alrededor de 400 mil personas. Esos documentos, conocidos como los “Archivos del Terror”, detallan el destino de miles de latinoamericanos secuestrados, torturados y asesinados por los servicios de seguridad de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.

La atroz dictadura argentina