El Mundial también se juega en los escritorios. La FIFA presentó las pausas de hidratación como una medida para cuidar a los futbolistas frente al calor extremo, pero en esta Copa se aplican de manera obligatoria en todos los partidos, incluso cuando las condiciones no parecen justificarlo. El resultado es evidente: se corta el ritmo del juego y se abre una ventana perfecta para la publicidad.
Fox, que tiene los derechos de transmisión en inglés para Estados Unidos, pagó 485 millones de dólares por la Copa. Se estima que sólo con los avisos durante esas pausas podría recaudar cerca de 250 millones. La pelota se detiene, los jugadores toman agua y las cadenas venden segundos de oro. El deporte más popular del mundo convertido en una tanda. Lejos de utilizar las ganancias en la promoción del deporte desde las escuelas, en apoyar a los clubes de barrios, formadores pobres de atletas millonarios o de invertir en las categorías de base, la FIFA se ha convertido en la mayor multinacional del planeta para garantizar que el dinero del fútbol vaya a parar a los cofres de mega millonarios.
El problema no es sólo la comercialización del fútbol, que existe desde hace décadas. Lo grave es qué se vende en esos espacios. Buena parte de la publicidad mundialista aparece copada por casas de apuestas y marcas de bebidas alcohólicas. Es decir, mientras millones de pibes miran los partidos, les venden la ilusión de que la salida está en jugarse la plata que no tienen o en consumir lo que las mismas empresas presentan como parte natural de la fiesta.
Kylian Mbappé ha rechazado asociar su imagen a casas de apuestas. El capitán francés viene denunciando desde hace años que el juego destruye vidas, especialmente en los barrios populares. Su planteo toca una fibra sensible: los futbolistas que vienen de abajo saben mejor que nadie que las apuestas no son entretenimiento inocente cuando se cruzan con pobreza, frustración y falta de futuro.
En Argentina la postal fue todavía más brutal. Una casa de apuestas usó una imagen de Diego Maradona generada con inteligencia artificial para promocionar el juego. Al Diego, símbolo de potrero, de rebeldía y de amor popular por la pelota, lo hicieron hablar desde una pantalla para vender timba. El Mundial debería ser una fiesta de los pueblos, no una máquina para que FIFA, cadenas televisivas, cerveceras y empresas de apuestas hagan negocios obscenos. Defender el fútbol también es discutir esto: quién se queda con la plata, qué consumos se promueven y qué lugar le dejan al hincha, al jugador y a los pibes que todavía sueñan con una pelota en el barrio.
Los campos verdes siempre han sido un lugar donde el poder de los fuertes puede limitarse con reglas, donde se puede garantizar una competencia relativamente justa y donde los jugadores valientes pueden triunfar sobre una bolsa llena de dinero. El fútbol ha sido el entretenimiento y la pasión del pueblo, una emoción compartida por las masas, un juego que a veces hace olvidar el dolor de la vida y, a veces, de una manera extremadamente irracional, añade aún más dolor. Un juego… Hasta hoy…
De hecho, la industrialización del fútbol no es algo que se haya completado hoy ni que haya comenzado ayer. La mercantilización de todas las emociones humanas por parte del neoliberalismo ha convertido este deporte en una mercancía de mercado a lo largo de los años. En términos sencillos, podemos decir: el fútbol industrial es el fútbol que se juega en la bolsa, no en el terreno de juego.
Este concepto surgió a finales de los años 80 y principios de los 90, épocas en las que el neoliberalismo no tenía obstáculos y podía extenderse sin control por todo el mundo. La denominación de la liga inglesa como Premier League y la transformación de la Copa de Europa en la Liga de Campeones fueron los primeros pasos en este proceso de comercialización. Las retransmisiones de los partidos se convertirían en servicios de pago, surgiría una enorme industria de apuestas y los aficionados se convertirían gradualmente en clientes.
Brasil desplazando a decenas de miles de personas con el pretexto de construir estadios para el Mundial, Qatar gastando 220 mil millones de dólares en la organización del torneo mientras mata a miles de trabajadores, y hoy insertando pausas comerciales disfrazadas de pausas para beber agua durante los partidos: todos estos son indicadores de hasta dónde ha llegado el fútbol industrial, lo que representa la americanización de este deporte.
Hasta hace poco, asistir a un partido era una forma económica de entretenimiento para los aficionados, pero hoy en día, sobre todo para los partidos de los grandes equipos, comprar entradas es bastante caro. El fútbol industrial no quiere aficionados que no gasten dinero. Esta nueva afición exige comprar productos oficiales del equipo, pagar precios elevados por los abonos de temporada, exigir fichajes caros y esperar éxitos constantes.
La mentalidad de «ganar o perder» no es algo que el fútbol industrial acepte. En última instancia, la afición se basa en el amor incondicional, pero hoy en día ese amor debe ser recíproco e inevitablemente expresado en dólares y euros. El gasto astronómico de los equipos en fichajes lleva a los aficionados al fútbol al placer de un «producto recién estrenado», y estos aficionados exigen nuevos paquetes cada vez que se aburren. El fútbol bonito, el sentido de pertenencia, el espíritu de equipo y el entretenimiento no satisfacen el insaciable apetito del neoliberalismo. Ahora solo hay una expectativa: gastar más y ganar a cualquier precio.
En el mercado industrializado del fútbol, es imposible que surjan figuras como Maradona, Cantona o Lucarelli de Livorno. Porque los futbolistas son productos en la medida en que los aficionados son clientes. Los grandes contratos publicitarios crean influencers , no atletas.
Aunque un pequeño número de grupos de aficionados en todo el mundo intentan combatir esta comercialización, el fútbol industrial continúa su camino como un monstruo gigante que devora el entretenimiento de las masas.
La frase «Puedes ser comunista o puedes ser patriota. No puedes ser ambas cosas», resume la obsesión del poder en EEUU: convertir cualquier impugnación al capitalismo en una amenaza ajena al país.
«Puedes ser comunista o puedes ser patriota. No puedes ser ambas cosas», sentenció Trump en los festejos por los 250 años de independencia de EEUU. La frase resume una vieja obsesión del poder estadounidense: convertir cualquier impugnación al capitalismo en una amenaza ajena al país. Pero, ante esa afirmación, conviene hacerse una pregunta casi cinematográfica: ¿qué nació exactamente un 4 de julio?
Aquel 4 de julio nació una república de propietarios que proclamaba la libertad mientras mantenía la esclavitud; hablaba de derechos naturales mientras empujaba a los pueblos originarios hacia el exterminio y el despojo; invocaba la igualdad mientras levantaba nuevas fronteras raciales, sociales y migratorias.
La conquista del oeste, el genocidio indígena, la esclavitud, la segregación, el racismo estructural y el nativismo forman parte fundamental de la arquitectura de construcción del Estado estadounidense. Pero precisamente por eso, también desde el principio surgió una impugnación a ese estado de cosas profundamente desigual: la de quienes, desde abajo, disputaron el significado mismo del país que estaba en construcción.
Esa impugnación tuvo muchas formas, y una de las más profundas fue la organización de la clase trabajadora. La industrialización vertiginosa del siglo XIX levantó fábricas, ferrocarriles, minas, puertos y grandes ciudades sobre masas obreras formadas por trabajadores nativos, población negra liberada e inmigrantes llegados de Europa, Asia y América Latina. Desde finales de aquel siglo, esa clase empezó a organizarse en sindicatos, periódicos, sociedades de ayuda mutua y partidos.
A finales del siglo XIX la afiliación sindical superaba los dos millones de miembros. El Primero de Mayo tiene su raíz en esa historia: la lucha por la jornada de ocho horas, la represión y la ejecución de las mártires de Chicago convirtieron una batalla estadounidense en una fecha universal del movimiento obrero. De esa matriz surgieron figuras esenciales como Eugene V. Debs, que llevó el socialismo a las campañas presidenciales y a las huelgas, o la anarquista Emma Goldman, encarcelada y deportada tras denunciar la conscripción obligatoria y la guerra.
Otro factor que determinó aquella historia fue el triunfo de la Revolución rusa y la creación del primer Estado de obreros y campesinos. John Reed, comunista nacido en Portland, relató la Revolución de Octubre en ‘Diez días que estremecieron al mundo’.
Tras su muerte en Moscú, Reed fue enterrado en la muralla del Kremlin, un honor reservado a muy pocos extranjeros. Su vida llegó incluso a Hollywood con ‘Reds’, de Warren Beatty, película que obtuvo doce nominaciones a los Oscar en 1982 y llevó hasta la gala, según se ha contado muchas veces, los ecos de ‘La Internacional’.
El surgimiento de las «nuevas» derechas en América Latina es un fenómeno de actualidad y ha motivado múltiples estudios por parte de diversos académicos de la región. El reciente libro The Far Right in Latin America (2026), editado por Cristóbal Rovira Kaltwasser, Carlos Meléndez, Talita Tanscheit y Lisa Zanotti, (//t.ly/EOiwQ), actualiza el tema y lo amplía tratando Argentina, Brasil, El Salvador, Chile, Perú, Uruguay, Colombia y México.
Históricamente se asocia “izquierda” y “derecha” a la Revolución Francesa (1789) y específicamente al lugar que ocupaban sus miembros en la Asamblea Constituyente. Pero durante el siglo XIX en América Latina esos términos no se usaron, ya que la vida política confrontó a liberales y conservadores, centralistas y federalistas, Iglesia y Estado, y “civilización” o “barbarie” (idea que popularizó Domingo Faustino Sarmiento). Fue con el avance del siglo XX cuando los primeros partidos socialistas y comunistas se asumieron como “izquierda”, ubicando a liberales y conservadores en la “derecha”. Sin embargo, los gobiernos de Juan Domingo Perón en Argentina, Lázaro Cárdenas en México y Getúlio Vargas en Brasil provocaron un terremoto conceptual al no encajar en los términos izquierda y derecha, por lo cual se les caracterizó como “populistas”, un concepto que ha ocasionado grandes polémicas. Estos líderes no asumieron el criterio marxista de lucha de clases y plantearon la oposición pueblo-oligarquía, impulsando una fuerte intervención estatal en la economía y la ampliación de los derechos sociales y laborales.
Entre 1945 y 1980 se consolidó más claramente el sistema ideológico latinoamericano. La Guerra Fría y, sobre todo, la Revolución Cubana (1959), reconfiguraron las identidades políticas: la izquierda quedó asociada a proyectos revolucionarios, guerrillas y partidos marxistas, mientras que la derecha fue vinculada a la defensa del orden, la propiedad privada y el capitalismo. El marxismo definió los ejes culturales de las ciencias sociales y se extendió la izquierda social. Las derechas apoyaron a los regímenes militares anticomunistas como ocurrió en el Cono Sur. De modo que, al volver la democracia institucional, las derechas políticas no se identificaban todavía como tales, ante el desprestigio de su pasado. Y se amplió el espectro de los partidos de “centro”, una categoría inexacta, que no permite clarificar las definiciones políticas o clasistas de la multiplicidad de partidos y fuerzas sociales que suelen identificarse como tales.
A partir de los años ochenta y noventa se produjo un nuevo giro histórico. El colapso del modelo desarrollista y la crisis de la deuda impulsaron el ascenso del neoliberalismo, que posibilitó que las derechas (ante todo empresarios) se asumieran como tales, promoviendo privatizaciones, apertura económica, reducción del Estado y flexibilidad/precarización del trabajo. Las consecuencias sociales del neoliberalismo fueron desastrosas. Por eso, desde comienzos del siglo XXI, se produjo la “marea rosa” de los gobiernos progresistas latinoamericanos, que cuestionaron la vía neoliberal, emprendieron economías sociales para el bienestar o buen vivir y se identificaron como nuevas izquierdas.
En esos contextos emergen las nuevas derechas latinoamericanas, estudiadas por una serie de investigadores, entre los que cabe nombrar a Pablo Stefanoni, Ariel Goldstein, Waldo Ansaldi, Enzo Traverso, Daniel Feierstein, Torcuato Di Tella, Norberto Bobbio y tantos otros estudiosos. Siguiendo sus propuestas, en términos generales, las nuevas derechas defienden la economía de mercado y libre empresa; pero mientras la derecha tradicional o convencional admite los principios de la democracia liberal, las extremas derechas (far right) la cuestionan, sin sujetarse a su institucionalidad, por lo cual exacerban la polarización social y agudizan el autoritarismo.
Las nuevas derechas no constituyen un bloque homogéneo, sino que presentan modelos de organización económica y política diferenciados. El caso de Javier Milei (Argentina) expresa un libertarismo radical de inspiración anarcocapitalista, que postula la reducción total del Estado y el fomento único de la empresa privada. Nayib Bukele (El Salvador) representa un modelo de capitalismo centralizado y autoritario, donde la seguridad pública legitima una concentración significativa del poder. En esa derecha radical también estarían Jair Bolsonaro (Brasil), José Antonio Kast (Chile), Keiko Fujimori (Perú) y Abelardo de la Espriella (Colombia). En República Dominicana Luis Abinader encarna la derecha convencional (en la que igualmente entrarían Santiago Peña en Paraguay y Rodrigo Paz en Bolivia), que sostiene un capitalismo tecnocrático e institucional, orientado a la estabilidad macroeconómica y la gestión eficiente.
Las bases sociales de estas nuevas derechas son igualmente heterogéneas. Sin duda incluyen al gran empresariado, pero también a sectores medios y segmentos populares movilizados por redes sociales, medios de comunicación tradicionales y hasta discursos religiosos neopentecostales como en Centroamérica y Brasil. La ideología del “emprendimiento” también acerca la idea de “libertad económica” a sectores populares, informales y subocupados, que creen lograr, con sus micronegocios, los pasos iniciales para alcanzar el soñado ascenso social. En forma paralela, el éxito del modelo de seguridad de Bukele ha convertido la gestión dura del orden público en una referencia regional en contextos de fuerte inseguridad. Se alimenta así la imagen de que la “mano dura” salvará a todos, sin importar la situación en la que quedan los derechos humanos y la democracia.
Aplicando los criterios a Ecuador, es difícil encajar a León Febres Cordero (1984-1988) en la derecha tradicional, porque se inclina más a la extrema derecha, sin llegar al nivel de Milei. De hecho, Osvaldo Hurtado retrató a ese gobierno en su libro La dictadura civil. Además, son académicos ecuatorianos los que han demostrado que es posible hablar de un cuarto “modelo” de nueva derecha latinoamericana: como reacción al “correísmo”, desde 2017 se edificó la segunda época plutocrática del país que ha derivado en un capitalismo oligárquico con hegemonía dinástica bajo el gobierno de Daniel Noboa, en el cual una élite económica y política consolida su poder, subordina instituciones estatales y articula la gobernabilidad con una relación íntima entre poder civil y militar, bajo el comando de las estrategias de seguridad de los Estados Unidos a través de los convenios militares de cooperación suscritos.
En todo caso, es generalizado que las nuevas derechas latinoamericanas se ofrecen como alternativas modernas, cuestionan a los líderes y partidos anteriores (la “casta” para Milei), asumen posturas críticas al manejo económico del pasado, libran una “lucha cultural” abierta contra las izquierdas (los “zurdos”), atacan al feminismo y los movimientos identitarios (la izquierda “woke”) e incluso la inmigración (Chile, Perú), reivindican al Occidente “judeocristiano”, la familia tradicional y la historia de las clases dominantes, al punto de reconocer a regímenes como el de Pinochet en Chile o el de Videla en Argentina. Desde el poder persiguen a los opositores, niegan la pluralidad política, criminalizan la protesta social y en la actualidad se subordinan a la Doctrina Donroe del Corolario Trump.
Las nuevas derechas desafían el futuro de América Latina al amenazar las democracias y polarizar la sociedad con el privilegio del poder en manos de élites que ya no están dispuestas a permitir el desarrollo de sistemas fundamentados en la equidad, la sujeción a los derechos sociales y laborales, la redistribución de la riqueza y la soberanía nacional. Libran una abierta lucha de clases contra sectores medios, trabajadores y organizaciones sociales y populares.
Historia y Presente – blog www.historiaypresente.com
Por Ezequiel Peressini, dirigente de Izquierda Socialista y la UIT-CI
2/7/2026. Han pasado 1000 días Israel comenzara una ofensiva sin igual sobre Gaza desde el 7 de octubre de 2023. La ONU ha confirmado en dos oportunidades que Israel lleva adelante un genocidio sobre la Palestina Ocupada, Gaza y Cisjordania. Nuevamente, la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado dependiente de la ONU publicó el 18 de junio de 2026 un profundo informe en el que concluye que: “las autoridades israelíes y las fuerzas de seguridad israelíes han seguido cometiendo el crimen de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra en la Franja de Gaza y en Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental”.
Compartimos aquí, un resumen del informe como una herramienta para demostrar el carácter históricamente genocida de Israel y fortalecer la solidaridad internacional con Palestina. En sus casi 100 páginas, el informe relata las atroces acciones ejecutadas por el Estado de Israel sobre Palestina que de conjunto son escalofriantes y describen una realidad propia de una película de terror, particularmente para las niñas y niños.
A pesar de las atrocidades cometidas, Israel no logra cantar victoria sobre Gaza y Palestina, la resistencia no esta derrotada y su principal aliado y sostenedor Donald Trump ha salido derrotado de su ataque imperialista contra Irán, debilitando también a Israel. Netanyahu sufre un aislamiento sin precedentes. Ya fue condenado en 2024 por la Corte Penal Internacional por delitos de genocidio y amplios sectores de masas, centralmente en los Estados Unidos han retirado su apoyo al Israel y se comienza a manifestar una sostenida solidaridad con Palestina. Desde los acampes estudiantiles en las universidades de los Estados Unidos a las movilizaciones en Europa y otros continentes, las dos iniciativas de la Flotilla Global Sumud y los informes de la ONU demuestran el deterioro político y el aislamiento del estado de Israel.
Muchas de las conclusiones del informe, son hoy bandera de lucha de millones de personas que en todos los continentes se movilizan contra el Genocidio. Que hayan sido reconocidas por la ONU es un triunfo que demuestra el carácter genocida del estado de Israel. Son las movilizaciones de masas, las acciones como los paros y huelgas impulsados por los trabajadores portuarios y estibadores de Italia, las huelgas estudiantiles y acciones internacionalistas como las desempeñadas por al Global Sumud Flotilla, las que pueden imponer a los gobiernos capitalistas la inmediata ruptura de todo tipo de relaciones económicas, políticas, militares, académicas y culturales y de todo tipo con el estado genocida de Israel como así también el urgente embargos de armas para parar el Genocidio.
Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI) impulsamos la más amplia unidad de acción para derrotar al genocida Israel y conquistar la inmediata retirada de las tropas israelíes de Gaza, toda la Palestina ocupada, el Líbano y Siria. La movilización debe continuar y exigir que las acciones exigidas por La Comisión de la ONU sean ejecutadas de manera inmediata en el camino de la lucha por una Palestina libre del rio al mar.
El hambre como método de Guerra
Para febrero de 2024, la desnutrición y la deshidratación habían afectado al 90 por ciento de los niños de entre seis y 23 meses en toda Gaza, por el contrario, antes del 7 de octubre de 2023, la desnutrición aguda en niños menores de cinco años era casi inexistente (0,8 por ciento) en Gaza. Casi 95.000 niños fueron identificados con desnutrición aguda en 2025.
Aproximadamente 320.000 niños menores de cinco años se consideran en riesgo de desnutrición, y cerca de 100.000 requieren tratamiento especializado para la emaciación, a diciembre de 2025. Julio de 2025 fue el mes con mayor número de muertes infantiles por desnutrición, con 24 niños menores de cinco años fallecidos, lo que representa el 85 por ciento de todas las muertes relacionadas con la desnutrición en 2025. Las proyecciones indican además que, desde diciembre de 2025 hasta mediados de octubre de 2026, se prevé que casi 101.000 niños de entre seis y 59 meses de edad padezcan desnutrición aguda, incluidos más de 31.000 casos grave.
La ocupación israelí: una maquina para asesinar niñas y niños
Por Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional
2/7/2026. El 24 de junio Venezuela se vio sacudida por un letal doble terremoto. Hasta el momento hay cerca de tres mil personas fallecidas, número que lamentablemente seguirá creciendo. Más de diez mil resultaron heridas mientras 40.000 se encuentran desaparecidas y miles han perdido sus hogares.
Luego de más de una semana de labores de rescate bajo los escombros, la crítica situación puede agravarse con la aparición de enfermedades que podrían afectar a miles de personas.
El terremoto golpeó a Venezuela sobre unas ya precarias condiciones sociales, como escasez de agua, los crónicos apagones eléctricos, un transporte deficiente y un sistema sanitario en crisis producto del ajuste capitalista aplicado por el gobierno de Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez, que además provocó la emigración de miles de profesionales de la salud, como parte de los más de 7 millones de venezolanas y venezolanos que abandonaron en el país en medio de la grave situación económica.
Ante esta dramática situación, el pueblo venezolano requiere de la máxima solidaridad internacional. Mas de cuatro mil rescatistas de distintas partes del mundo han llegado a Venezuela para colaborar con las tareas de rescate. En este nuevo periodo, el apoyo a las personas que perdieron sus casas y con las miles de personas que viven en refugios provisorios, han de ser fundamentales.
Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI) apoyamos al pueblo trabajador venezolano en este difícil trance, y nos comprometemos a apoyar la colecta solidaria impulsada desde el estado Anzoátegui por la Corriente Clasista, Unitaria, Revolucionaria y Autónoma (C-CURA), encabezada por José Bodas, dirigente de dicha corriente en el sector petrolero, y secretario general de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (FUTPV).
Esta es una campaña autónoma del gobierno y toda institución oficial, que busca recolectar y acopiar insumos médicos, artículos de higiene y alimentos para las víctimas.
Cada centavo de lo recolectado por la UIT-CI y cada una de las secciones en los distintos países donde tenemos presencia, será centralizado y enviado a las y los compañeros del Partido Socialismo y Libertad (PSL) de Venezuela para que sea transformado en ayuda material para los sectores más afectados, en este momento de crisis.
Mientras impulsamos la colecta internacional exigimos que, para que Venezuela pueda afrontar de manera sostenida este periodo de crisis humanitaria, es fundamental que los Estados Unidos entregue todos los dólares que Trump ha robado al pueblo venezolano con la venta de su petróleo; no pagar los vencimientos por 240 mil millones de dólares de deuda externa, con el objetivo de poner todos los recursos del país al servicio de la atención a los afectados por la tragedia y la reconstrucción de las viviendas y edificios destruidos.
Llamamos a las y los trabajadores, a la juventud, a las mujeres y disidencias y al conjunto de los pueblos a apoyar esta campaña en apoyo al pueblo venezolano.
Para materializar tu aporte: ¡Ponte en contacto con las compañeras y compañeros de la UIT-CI en cada uno de los países para hacer tu aporte solidario!
Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional
Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo
Hay muchas lecciones que aprender de la última guerra contra Irán, orquestada por Israel. La primera y más contundente es que la guerra ha resuelto precisamente la crisis que ella misma había creado.
Donald Trump ha celebrado la reapertura del estrecho de Ormuz y el levantamiento del bloqueo contra Irán. Dos condiciones que ya se cumplían plenamente antes de que Benjamin Netanyahu arrastrara a Trump a esta guerra. El acuerdo que ha puesto fin al conflicto nos ha devuelto exactamente al punto de partida en que estábamos antes de que Estados Unidos gastara 200.000 millones de dólares en esta guerra, y los estadounidenses siguen pagando el impuesto israelí en las gasolineras y en los supermercados.
En cuanto al programa nuclear de Irán, las cifras no mienten. Los 400 kilogramos de uranio enriquecido al 60 % que Irán poseía eran inexistentes antes de que Trump —presionado por sus principales donantes partidarios de la política de “Israel primero”— hiciera pedazos el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) en mayo de 2018. Según la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Irán había cumplido plenamente no solo con el acuerdo de no proliferación de la AIEA —que Israel nunca ha firmado ni aceptado—, sino también con los protocolos adicionales que regulan la verificación y la supervisión de su programa nuclear civil. Trump canceló el acuerdo de todos modos, no porque perjudicara a Estados Unidos, sino porque no satisfacía el veto de Israel.
Resulta verdaderamente irónico que los conocimientos y capacidades nucleares de Irán sean hoy más avanzados que cuando Trump descartó el JCPOA. Por lo tanto, cualquier nuevo acuerdo —incluso uno con una estructura más estricta que el original— se está negociando desde una posición fundamentalmente más débil que la que existía en 2018. Ningún tratado puede hacer que Irán olvide lo que ya sabe.
El lunes 15 de junio, Trump anunció el fin de la guerra alardeando de que Irán había aceptado no desarrollar armas nucleares. En una copia filtrada del supuesto Memorándum de Entendimiento (MoU), el punto 8 establece: “La República Islámica de Irán reitera que nunca fabricará armas nucleares…” La palabra “reitera” no es casual. Se trata de una referencia directa al artículo III del JCPOA de 2015 —que probablemente Trump nunca leyó—, en el que Irán ya había afirmado: “… que bajo ninguna circunstancia Irán buscará, desarrollará o adquirirá armas nucleares”. El mismo compromiso. El mismo lenguaje. Firmas diferentes. Doce semanas de una guerra que no llevó a ninguna parte para llegar hasta aquí.
De “¡No habrá acuerdo con Irán salvo la RENDICIÓN INCONDICIONAL!” a celebrar un memorando de entendimiento para reabrir un estrecho que ya estaba abierto antes de que se despilfarraran 200.000 millones de dólares y se perdieran innumerables vidas estadounidenses e iraníes. El triunfo de Trump es mucho ruido y pocas nueces. Canceló un acuerdo ya existente que llevó años negociar, infligió dificultades económicas a los iraníes de a pie y permitió que el avance nuclear de Irán diera pasos de gigante. Es, en el sentido más literal, como redefinir el agua como H₂O. La molécula no cambió. Solo cambió la forma de presentarla. La guerra de Israel llevó a Trump de vuelta al punto de partida, con un coste doble para los contribuyentes estadounidenses.
El mismo grupo de interés que presionó a Trump para que cancelara el JCPOA ya ejercía presión sobre él mucho antes de las elecciones de 2024. Los donantes que anteponen los intereses de Israel invirtieron cientos de millones en su campaña como anticipo de esta guerra. Netanyahu visitó a Trump siete veces en trece meses, manipulando y tramando otra guerra en beneficio de Israel.
Por Miguel Angel Hernández, dirigente del PSL de Venezuela y de la UIT-CI
24/6/2026. El pasado domingo 21 de junio se realizó la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Colombia. Completado el llamado preconteo, los resultados dan como ganador al candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella con un total de 12.959.542 (49,66%) de votos frente a los 12.708.712 (48,70%) de Iván Cepeda del Pacto Histórico, el mismo partido del presidente Gustavo Petro.
Nuevamente se estaría concretando en América Latina el triunfo de un candidato de la ultraderecha. De la Espriella se ubica a la derecha de Alvaro Uribe y su partido el Centro Democrático. Un empresario fanático de los ultraderechistas Donald Trump en Estados Unidos y Javier Milei en Argentina. Amigo del genocida Netanyahu. Apologista de la violencia y ligado al paramilitarismo.
Este resultado en Colombia, como otros que se han producido recientemente en América Latina, es expresión del fracaso de un gobierno del llamado “progresismo” o centroizquierda, en este caso se trata del gobierno de Gustavo Petro y el Pacto Histórico, el cual llegó al Palacio de Nariño rodeado de grandes expectativas y precedido de una masiva rebelión obrera y popular en el año 2021.
En años recientes varios de estos movimientos ascendieron al poder como consecuencia del fracaso de gobiernos liberales y de derecha, los cuales aplicaron severos ajustes contra los pueblos, que en algunos casos produjeron grandes rebeliones populares como fue el caso de Chile contra Piñera, en Colombia contra Iván Duque, en Perú contra Dina Boluarte, y en el caso de Brasil electoralmente contra el gobierno ultraderechista de Bolsonaro.
De estos procesos resultaron gobiernos de centroizquierda como el de Gabriel Boric en Chile; Pedro Castillo en Perú; Gustavo Petro en Colombia y en Honduras Xiomara Castro. Previamente en el 2020, en Bolivia el MAS de Evo Morales volvió al gobierno a través de Luis Arce.
Todos fueron gobiernos de conciliación con la burguesía, el imperialismo y los patronos, que no resolvieron ninguno de los graves problemas que aquejan a las y los trabajadores y sectores populares. Gobiernos capitalistas de doble discurso que mientras utilizaban frases de “izquierda” o supuestamente “progresistas”, pactaban con los empresarios y el imperialismo, y aplicaban ajustes para hacerle pagar la crisis a los trabajadores y el pueblo. Y que en la mayoría de los casos terminaron sumidos en la corrupción y la represión para imponer los ajustes contra el pueblo trabajador de sus respectivos países.
En América Latina estamos asistiendo a un giro electoral a la derecha, determinado por la incapacidad de los llamados movimientos y dirigentes de la centroizquierda en dar respuesta satisfactoria a los graves problemas estructurales de pobreza y desigualdad que caracterizan la vida de los trabajadores y sectores populares en nuestra región.
Lamentablemente, ante el fracaso de la centroizquierda y la debilidad de alternativas políticas socialistas revolucionarias, los pueblos votan por partidos de la derecha liberal tradicional o partidos de ultraderecha, como ha sido el caso de Milei, un fascista, declarado sionista en Argentina, el pinochetista Kast en Chile, Nasry Asfura, en Honduras, quien fuera apoyado públicamente por Donald Trump, Daniel Noboa, hijo del hombre más rico de Ecuador, Alvaro Noboa. Incluso existe el peligro que Keiko Fujimori, hija del dictador Alberto Fujmori, gane las elecciones en Perú. Y ahora el caso del siniestro Alberto de la Espriella en Colombia.
No obstante, los pueblos no le han dado un cheque en blanco a ninguno de estos nuevos gobiernos de centroderecha y ultraderecha, como tampoco se lo dieron a los gobiernos “progresistas”. Un ejemplo de ello es la gran rebelión obrera y popular en Bolivia, contra el gobierno de Rodrigo Paz, que asumió hace apenas 6 meses.
Hoy la crisis del capitalismo imperialista global es mucho más profunda. Son gobiernos que ascienden al poder en medio de un entorno de crisis políticas y rebeliones en muchos otros países del mundo. Con toda seguridad profundizarán los ajustes contra el pueblo trabajador; intentarán avanzar sus ataques contra los derechos de las mujeres y disidencias; contra los derechos de los pueblos indígenas; intentarán recrudecer sus medidas represivas para poder aplicar los ajustes sin obstáculos. Y sin duda encontrarán la resistencia de los pueblos.
Ya en Colombia vimos después de la primera vuelta electoral, el ascenso de un gran movimiento popular contra la ultraderecha, que tuvo su expresión más clara en el seno de la juventud universitaria, que está consciente del peligro que se cierne con un eventual gobierno del ultraderechista de la Espriella.
En ese sentido, en Colombia y los demás países, debemos prepararnos para enfrentar los ajustes y los ataques contra el movimiento de masas y la juventud. Debemos movilizarnos contra los intentos de estos gobiernos por liquidar nuestros derechos.
Pero sin duda, es necesario construir alternativas políticas socialistas revolucionarias para no continuar con el péndulo perverso entre gobiernos de derecha o ultraderecha y gobiernos del falso socialismo.
Las políticas antiobreras y antipopulares que intentarán aplicar estos nuevos gobiernos de derecha exacerbarán la lucha y la resistencia obrera y popular, basta ver el caso de Bolivia. Se recrudecerá la polarización social. Es posible que vengan nuevos choques, movilizaciones y rebeliones. Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional planteamos que al calor de esas luchas surgirán nuevos dirigentes y activistas a los que hay que unir para construir esas alternativas revolucionarias que necesitamos.
Por Partido Socialismo y Libertad, sección de la UIT-CI en Venezuela
Los recursos provenientes del petróleo controlados por Estados Unidos, deben colocarse al servicio de las víctimas
El pasado miércoles 24 de junio, a partir de las 6:04 de la tarde, se produjeron dos sismos casi simultáneos de 7.2 y 7.5 en la escala de Richter, con epicentros en el estado Yaracuy, en centro occidente, a unos 168 kms. de la capital. Se trató de un fenómeno inusual y altamente peligroso conocido como doblete sísmico. El mismo afectó la zona central del país y especialmente al estado La Guaira y a Caracas; con severas repercusiones en estados como Miranda, Aragua, Carabobo, Falcón, Zulia, Yaracuy, Lara, entre otros.
El último parte del gobierno cifra el número de fallecidos en 589 y 2.980 heridos, una cifra que con las horas seguramente seguirá aumentando, lamentablemente. Aún hay muchas personas desaparecidas, las cuales se encuentran bajo los escombros de varias decenas de edificaciones que colapsaron.
Desde el Partido Socialismo y Libertad manifestamos al pueblo trabajador venezolano nuestro más profundo dolor ante las innumerables pérdidas de vidas humanas, y las cuantiosas pérdidas materiales, particularmente de viviendas, ocasionando que hasta el momento hayan más de 27 mil personas damnificadas. Nos solidarizamos con los sectores populares y trabajadores y trabajadoras afectadas por los terremotos, y nos unimos en un abrazo solidario con cada familia trabajadora que hoy padece esta tragedia en carne propia.
Un desastre natural en medio de una gran catástrofe social
Esta catástrofe llega en el peor momento para nuestro país. Después de años de corrupción y robo de los recursos provenientes del petróleo; de destrucción de los servicios públicos consecuencia de la reducción del gasto social, y de aplicación de un brutal ajuste capitalista que ha descargado la crisis sobre los hombros del pueblo trabajador. Mientras el gobierno avanza en su pacto con Trump entregando nuestros recursos naturales, prepara despidos en la administración publica y pretende reformar la ley del trabajo en función de los intereses del empresariado.
Un país en precarias condiciones y serias dificultades para enfrentar una catástrofe de la magnitud de la que acaba de producirse. Sin agua, con apagones eléctricos crónicos, con un transporte deficiente, sin gas, escasez de gasolina, con millones de trabajadores sanitarios que se fueron del país por los salarios de hambre, y el sistema de salud destruido después de años de desinversión y severas sanciones imperialistas, aplicadas por Estados Unidos, el mismo país que nos bombardeó hace 6 meses y que ahora hipócritamente nos ofrece «ayuda».
En un reciente informe de la Encuesta Nacional de Hospitales, arrojó que en 2024 había un déficit de cerca del 60 % de la capacidad quirúrgica, con unos cuatro quirófanos operativos en promedio cuando la capacidad arquitectónica por hospital es de unos 10. Además, en el 91 % de los centros hospitalarios los pacientes deben llevar los insumos para ser operados, mientras que el índice de desabastecimiento de insumos de emergencia era del 36 %. Reivindicamos la labor del personal sanitario, que a pesar de la precariedad, trabaja con mística y compromiso para salvar vidas.
Un evento sísmico de tal magnitud y extensión territorial afecta sin distingos a todo el tejido social, pero son los sectores populares, habitantes de las barriadas más pobres, y las trabajadoras y trabajadores, los que sufren las peores consecuencias, producto de las difíciles condiciones sociales en las que viven.
Todos los recursos del Estado deben estar disponibles para atender a las víctimas
Las seis personas que permanecían en Bengasi fueron deportadas en las últimas horas a través de Estambul, completando así la salida de Libia de toda la delegación internacional del Convoy Terrestre Sumud Maghreb. La recuperación de la libertad de las diez personas secuestradas en Libia oriental constituye una victoria de la solidaridad internacional, de la presión de las familias, de las organizaciones sociales, políticas, sindicales, humanitarias, de derechos humanos y de todas las personas que exigieron su aparición con vida y su libertad inmediata. Hoy abrazamos a los diez, a sus familias y a todas las personas que sostuvieron esta lucha. La ayuda humanitaria no es delito. Hasta que vuelvan a casa. Hasta el fin del genocidio en Palestina. Por Nodal.
Celebramos que María Paula Giménez, Lucas Aguilera y el resto de la delegación internacional hayan recuperado su libertad e iniciado el regreso a sus hogares. Sin embargo, afirmamos con claridad que nunca debieron haber sido secuestrados, retenidos ni criminalizados por participar de una misión civil y humanitaria destinada a acompañar el ingreso de ayuda a Gaza.
La libertad de las diez personas no borra la gravedad de lo ocurrido. Durante semanas fueron privadas arbitrariamente de su libertad, alejadas de sus familias y sometidas a una situación de extrema incertidumbre. Por eso, exigimos al Estado argentino que garantice todas las condiciones necesarias para que Paula Giménez y Lucas Aguilera puedan volver a casa de forma segura y cuidada, brindando la asistencia consular, sanitaria, psicológica y logística que corresponde, tal como es su obligación.
Hoy abrazamos a los diez, a sus familias y a todas las personas que sostuvieron esta lucha.
La ayuda humanitaria no es delito.
Hasta que vuelvan a casa. Hasta el fin del genocidio en Palestina. Hasta que el pueblo palestino y todos los pueblos del mundo puedan vivir en paz, libertad y dignidad.