
Por Sami Al-Arian
Algunos momentos en la historia de los movimientos de liberación exigen valentía para actuar; otros, igual valentía para esperar.
La Operación Inundación de Al-Aqsa, el 7 de octubre de 2023, fue una decisión audaz que destrozó las suposiciones que habían regido la cuestión palestina durante años.
Volvió a situar a Palestina en el centro de la política mundial, expuso la ilusión de que podía ser controlada o eludida, y confrontó a Israel y a sus aliados occidentales con un conflicto que se habían convencido de que podía contenerse indefinidamente.
Nada de lo que siguió justifica transferir la responsabilidad de la destrucción de Gaza de quienes la destruyeron a quienes se resistieron.
La responsabilidad de la devastación de Gaza, la matanza de sus civiles y la destrucción de sus hogares, hospitales, universidades y colegios recae en quienes la llevaron a cabo. Las críticas a la estrategia palestina no deben convertirse nunca en un mecanismo para exculpar a los responsables y a quienes los apoyan.
La magnitud de ese sacrificio exige un análisis más riguroso de cómo se está gestionando políticamente.
Hamas se enfrenta hoy quizá a la transición más difícil de su historia. El movimiento que entró en la «Inundación de Al-Aqsa» como organización de resistencia armada se enfrenta ahora a una enorme presión para salir de la guerra desarmado, apartado del gobierno de Gaza, integrado en un sistema político palestino reconstruido y dependiente de acuerdos diseñados principalmente por EE. UU. e Israel con el apoyo tácito de los mediadores regionales.
La flexibilidad táctica es indispensable para cualquier movimiento de resistencia, pero debe estar al servicio de una estrategia coherente, en lugar de ir desplazándola gradualmente.
Hay cuatro acontecimientos que deberían preocupar a cualquiera que crea que la resistencia debe preservar su independencia: la trayectoria política señalada por el documento de Hamás de 2017, la gestión de las negociaciones de posguerra, la creciente presión para el desarme y el reacercamiento del movimiento a sus antiguos rivales alineados con Fatah.









